Año nuevo, vida nueva

Estamos de nuevo aquí escribiendo para ustedes, pero ahora en el año 2026, quien hubiera pensado que mi primer artículo de opinión para esta casa editorial fue el 7 de septiembre de 2018, recuerdo que en aquella ocasión escribí sobre la reparación integral a las víctimas y a casi 8 años aquí seguimos, por lo que agradezco a El Diario de Juárez, por permitirme seguir escribiendo para ustedes mis lectoras y lectores favoritos que dedican un breve espacio de su tiempo para leerme, y reflexionar conmigo, siempre desde una postura crítica e informada.
Es común que inicie el año y queramos cumplir todos los propósitos de las 12 uvas que nos comimos en la cena de año nuevo, y muchos de esos propósitos generalmente son tener una vida más saludable, hacer ejercicio, alimentarnos sanamente, dejar los vicios de la coca cola y el azúcar, entre otras adicciones, convivir más con la familia, ser mejor hija, ser mejor mamá, ser mejor esposa, ser más productiva en el trabajo, socializar más, mejorar el carácter, leer más, trabajar menos y generar más, entre otros propósitos, es decir, queremos cambiar y reconstruirnos como personas en todos los sentidos, por eso decimos “año nuevo, vida nueva” y si bien dicha expresión suena bonito en realidad no basta cambiar de calendario para que mágicamente cambien las condiciones materiales, emocionales y estructurales.
Si claro, puede servirnos como un ritual simbólico para marcar un cierre, tomar un respiro, definir prioridades, decidir que sostenemos y que no queremos seguir sosteniendo, pero tampoco hace falta obligarnos a reinventarnos, simplemente debemos vivir nuestros procesos en curso, seguir luchando las mismas luchas o nuevas luchas, seguir con las mismas estrategias o redefinirlas.
Tampoco se trata de borrar nuestros duelos, porque esos se tienen que vivir. Y también debemos cambiar las narrativas por frases como “año nuevo, menos culpa”, y hablo de la culpa estructural, la culpa por no llegar a todo, la culpa por descansar, la culpa por decir no, la culpa por elegirte, la culpa por no ser agradecida, buena onda, o disponible. La culpa no es que se elimine por decretarla, pero si se reduce cuando la nombras y la cuestionas, porque el sistema capitalista exige una productividad infinita, se romantizan los sacrificios, y se sostienen las relaciones con nuestro desgaste, pero cuando cuestionamos la culpa, hay más claridad, porque ponemos limites sin pedir perdón, descansamos sin justificarnos, decidimos no explicar de más, dejamos de confundir entre cuidar y cargarnos, por eso cuando la culpa baja, nuestra dignidad sube.
Por eso, podemos empezar el año, con la frase “año nuevo, menos culpa por no cumplir expectativas que nunca fueron justas”. Y ello significa que en el trabajo tengas menos culpa por no producir como si no existiera el cansancio, menos culpa por no aceptar cargas “extras” por qué tu si puedes y en lo personal y vida familiar, seria menos culpa por poner límites incluso a quien dices querer, no ser mediadora emocional de todo mundo, no sostener vínculos basados en la costumbre o por no herir a terceras personas.
En el plano político y público, menos culpa por no siempre ser paciente o correcta, por no cargar con la responsabilidad de representar a todas, y menos culpa por incomodar cuando la injusticia se normaliza. Por lo pronto aquí seguiremos incomodando, porque en Ciudad Juárez la violencia contra las mujeres no se archiva con el año nuevo; mientras la injusticia se vuelva costumbre, la incomodidad seguirá siendo resistencia.
Así es que este 2026, no se trata de prometer una versión mejorada de nosotras mismas, sino de habitar con más conciencia la que ya somos. De sostener la vida, sin romantizar el desgaste, de cuidar sin sacrificarnos, y de resistir sin pedir disculpas. Año nuevo, sí, pero con menos culpa, más limites, y una memoria activa que no olvida que una justicia pendiente no caduca con el calendario.
Facebook: Dra. Olivia Aguirre Bonilla
Olivia Aguirre Bonilla / Académica




