Juicio Político

Negligencia, a la vista y riesgo de todos

Durante un partido de futbol y sentado al borde de las gradas, a una altura cercana a los ocho metros, sin protección o barandal, un hombre pasado de copas y ya con mucha urgencia, tuvo la feliz ocurrencia de decidir que la forma más rápida para llegar a los sanitarios era… dar un brinco al suelo. Tuvo suerte: vivió para contarlo, no sin piernas, costillas y brazos rotos y una fractura en la cabeza. Así, maltrecho y con lo que aún le quedaba de sus cinco sentidos, cuando volvió en sí, insistía en que los culpables de su condición eran los propietarios del estadio.

Los propietarios se deslindaban de cualquier responsabilidad. ¿Podría culpárseles de las consecuencias de una decisión que una persona tomó voluntariamente, aun en estado de ebriedad? Pero el accidentado insistía: la instalación, tratándose de una acción voluntaria o no, debería ser segura para todos y, además, contar con una barrera que impidiera a cualquiera una caída. ¿Qué tal que alguien se hubiera tropezado? Sería un acto involuntario, un accidente. Nadie podría negar que había un peligro potencial, aun si se tratara de una instalación provisional.

Alguien culpó a quien diseñó el estadio y las gradas, otros a quien lo construyó; también se oyeron opiniones responsabilizando a quienes autorizaron su construcción, pues, como autoridades, tienen la obligación de revisarlo y requerir los ajustes necesarios para garantizar la seguridad de los usuarios, más aún por tratarse de una instalación de uso público.

Según usted, ¿a quién podemos adjudicar la responsabilidad?

Este hecho, real por cierto, me recordó un caso lamentable: un ciclista que transitaba por la Av. Tecnológico tuvo el infortunio de chocar con la puerta que un automovilista abrió sin cerciorarse de no ocasionar un accidente. ¿Cómo iba a pensar que vendría un ciclista? Seguramente tampoco se aseguró de que no viniera un automóvil demasiado cerca y, pregunto, ¿es permitido estacionarse en esa vía rápida?… En fin, son especulaciones. Sucedió que el ciclista, al chocar con la puerta, fue lanzado hacia el siguiente carril y atropellado por un vehículo que circulaba a alta velocidad. El ciclista murió.

Las preguntas son muy similares a las del caso anterior: ¿quién tiene la culpa? ¿El ciclista por circular en esa avenida? ¿El automovilista por abrir la puerta del vehículo sin precaución? ¿La tuvo quien conducía el vehículo que lo arrolló, aun cuando nada podía hacer ante la intempestiva caída del ciclista en el carril en el que circulaba? Podemos decir que fue una cadena de hechos desafortunados; sin embargo, se pudo haber evitado… si existieran las condiciones para que los ciclistas circularan de manera segura. ¿Negligencia? ¿De quién?

Al construirse la infraestructura para el BRT, se previeron semáforos en cada retorno y accesos con diseño universal, es decir, para personas con discapacidad, que sirven para todos. Los semáforos se sincronizan para que las personas puedan cruzar la calle sin riesgo. Pero ¿qué pasa cuando, por “accidente”, una persona, por impericia, o por “accidente” de fin de semana, derriba el semáforo y la autoridad se limita solo a retirarlo del lugar, y no lo repone? Pues se propicia un nodo potencial de accidentes: por una parte, los conductores ya no tienen el elemento que les indique si deben detenerse o proseguir su camino y los usuarios de la estación del BRT ya no cuentan con la protección para cruzar de manera segura la avenida. En cualquiera de los casos, en un eventual accidente, ¿quién tiene es responsable? ¿El peatón? ¿Quién lo atropella? ¿O quien omite disponer los elementos para el uso adecuado de instalaciones públicas?

¿Se ha enterado de atropellos de personas que caminan por el arroyo de las calles y no por la banqueta? ¿Y ha tenido la curiosidad de ver el estado de las banquetas? Deshechas, desniveladas, obstruidas o de dimensiones inadecuadas. ¿Habrá quienes que, por su obligación de velar por la seguridad, hubieran podido evitar cientos de muertes?

¿Ha visto personas que cruzan la calle exactamente debajo de un puente peatonal? A toda prisa, esquivando vehículos, porque, como ya se construyó el puente, las autoridades piensan que hasta ahí acabó su benevolencia hacia los peatones, sin considerar que quienes viven con discapacidad —temporal o permanente—, los adultos mayores, las familias con bebés en carriolas, deberán tomar el riesgo sin ninguna protección. No se les protege: se les excluye y coloca en riesgo.

El común denominador de todos los casos es la negligencia: falta de atención o cumplimiento de una obligación que genera daños o riesgos, de omisión de acciones razonables. En el caso de la ciudad. Aunque lo hemos normalizado, ¿quién tiene la obligación de hacerla segura para todos? Usted ya tiene la respuesta.

Elvira Maycotte / Escritora

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