Juicio Político

¡Qué florezca la historia por todas partes!

Hablar de historia en estos días siempre se relaciona con lo aburrido, gris y desabrido. Casi siempre se piensa en las clases eternas donde se debían aprender fechas interminables. Hay grandes prejuicios alrededor de una ciencia social que debería de acompañar nuestra vida cotidiana. Por eso quiero aprovechar para hablar de esa mi gran pasión.

Ese gran amor me ha llevado a lugares improbables. Ahora quiero hacer algunas anotaciones sobre lo aprendido. Tómese esto como el inicio de un diálogo con mis propias experiencias, pensadas al pie de varias carreteras.

En primer lugar, descubrí la necesidad de una Historia viva. Es decir, aquella comprometida con el tiempo presente y la construcción de futuro. Viniendo de una frontera doliente como Ciudad Juárez esto se vuelve urgente, lo cual aplica para toda América Latina. Por lo cual ha crecido un compromiso desde mi trinchera histórica, donde reside una gran esperanza.

Es precisamente saber que la realidad cambia, y lo puede hacer para bien, lo que me motiva a seguir haciendo de la Historia un lugar ante la distopía. Eso me ha llevado a pensar en la esperanza histórica. Pues, qué sentido tendría entonces estudiar una disciplina muerta y rígida.

Déjenme explicar un poco más esto último. Cuando empezamos con la divulgación y educación, desde el año pasado, teníamos una estrella como guía: una Historia comprometida con su tiempo.

A lo largo del camino, hemos ido aprendiendo estrategias y formas de trabajar. Y una de ellas es el entender que la Historia, como ciencia social, debe ser “sembrada” en comunidad para convertirse en práctica cotidiana. Es decir, que tenga una utilidad para nuestras vidas.

Si bien aprender las efemérides y acontecimientos puede ser bonito, no es suficiente. En realidad, queremos que las metodologías, técnicas y herramientas dadas por esta ciencia social puedan ser de un uso amplio y consciente.

Que la Historia sirva de verdad para impulsar las reflexiones en torno a las injusticias y opresión en esta era capitalista. Por ende, una profesión que nos lleve a tomar acciones directas en el presente y motivar a quienes nos rodean con esto.

Las nuevas generaciones de estudiantes de Historia, y de todas las demás ciencias sociales y humanidades, tienen la responsabilidad de construir una disciplina renovada. Sobre todo, crítica hacia las Academias y sus podridas prácticas elitistas y agónicas. Eso les aterra a quienes se sienten dueños del pasado y del presente.

Al final, lo que quiero decir es que hablar de historia no solo es para los ratones de biblioteca, sino para toda aquella persona que desee comprender mejor su realidad. Sea pues una herramienta de transformación profunda, no solamente libros amontonados con los cuales no tenemos ninguna conexión.

A lo largo de este año he confirmado que hay tanta gente trabajando desde la Historia para construir algo distinto. Por eso lo aquí vertido son las conclusiones de algo que ya está sucediendo ante mis ojos. En consecuencia, hay una esperanza histórica que florece por todas partes.

Le invito a reflexionar a través de estas letras como es que se vive la historia en su vida cotidiana. Eso se refleja desde el momento en que imagina cómo era antes su barrio o quiénes estuvieron antes que usted en este mundo. La historia también implica el cuestionarse lo que escuchamos en los medios de comunicación. Es decir, en formar un criterio propio que nos haga sabernos parte de una comunidad que puede cambiar las cosas a su alrededor.

Todas las personas merecen poner en práctica ese pensamiento histórico, debemos hacer nuestra la historia de los barrios, familias y espacios que habitamos cotidianamente. Hablar menos de bustos petrificados de dorado y empezar a voltear a quienes están a nuestro lado. Esas personas también son históricas. Tú quien lees esto eres un personaje histórico.

¡A seguir defendiendo la memoria!

Hernani Herrera / Analista

Artículos Relacionados

Back to top button