Juicio Político

PISA y la educación que México ya no puede seguir posponiendo

Los resultados de una evaluación educativa internacional pueden convertirse en una discusión política más, en una guerra de culpas entre partidos o, peor todavía, en una cifra que ocupa titulares durante unos días y después desaparece. Pero el problema que reflejan las pruebas PISA no desaparece cuando dejan de hablar de él.

México enfrenta desde hace años un rezago evidente en aprendizajes fundamentales como matemáticas, comprensión lectora y ciencias. Y aunque resulta tentador buscar un solo responsable, la realidad es mucho más incómoda: ningún gobierno puede atribuirse por completo los avances ni cargar exclusivamente con todos los retrocesos.

La educación no cambia de un día para otro. Lo que ocurre en un salón de clases es consecuencia de decisiones acumuladas durante años: programas educativos, preparación de docentes, infraestructura, acceso a tecnología, condiciones familiares, abandono escolar y, también, las prioridades que cada administración decide colocar en el centro de su política pública.

Por eso, convertir PISA en un pleito entre Morena y el PAN puede ser políticamente rentable, pero resulta insuficiente para explicar lo que está pasando. Si los estudiantes tienen dificultades para comprender un texto, resolver un problema matemático o interpretar información científica, el debate debería comenzar preguntando qué estamos haciendo mal y qué debemos cambiar.

También sería un error reducir la discusión a exigirle más a los maestros. Los docentes son una pieza fundamental, pero no pueden resolver solos problemas que involucran desigualdad, falta de recursos, rezago familiar, abandono escolar y decisiones tomadas desde los escritorios de las instituciones educativas.

México necesita dejar de reaccionar ante cada resultado negativo como si fuera una sorpresa. Los indicadores educativos llevan años mostrando señales de alerta. Lo verdaderamente preocupante sería acostumbrarnos a ellas.

Chihuahua tampoco puede mirar este problema desde lejos. El estado necesita revisar sus propios indicadores, identificar dónde están los mayores rezagos y construir políticas que permitan que los estudiantes desarrollen habilidades útiles para su vida, para continuar sus estudios y para incorporarse a un mercado laboral cada vez más exigente.

La discusión educativa debería ser mucho más ambiciosa que decidir quién tiene la culpa. Debería tratarse de cómo recuperar aprendizajes, fortalecer a los maestros, involucrar a las familias y garantizar que ningún estudiante termine su formación básica sin dominar las herramientas esenciales para desenvolverse en la sociedad.

PISA puede ser una fotografía incómoda, pero sería absurdo discutir únicamente si nos gusta o no la imagen. Lo importante es preguntarnos por qué salimos así en la fotografía y qué vamos a hacer para que la siguiente sea diferente.

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