Juicio Político

Contra el calor, buena política

Los ingleses eran famosos por su capacidad para mantener largas conversaciones de ascensor sobre la meteorología local. El cambio climático ha logrado que todos los demás hablemos del tiempo también. Las olas de calor, como la que actualmente asfixia a España y al resto de Europa occidental, llegan cada vez antes, acaban cada vez más tarde y son más numerosas e intensas debido al calentamiento acelerado de la atmósfera y los océanos. En España no son solo los valles del Sur, como el del Guadalquivir que aloja a Sevilla y Córdoba, los que han sufrido unas temperaturas extremas incluso antes de que entrara el verano oficial, sino también ciudades tan poco acostumbradas al ardor climático como Bilbao. En Francia, la segunda ola de calor en 20 días ha dejado el país al borde de la parálisis, y hasta las ciudades alemanas han tenido que renunciar al uso de su vehículo estrella –la bici— y se abrasan en unas casas que están mejor preparadas para el frío que para el bochorno. El calor se desplaza ahora hacia el Este y allí tendrá efectos parecidos en los próximos días.

Las consecuencias para la política son dobles. Con las gafas de lejos, resulta imprescindible el abandono progresivo y decidido de los combustibles fósiles, que son los causantes del calentamiento, y a la vez el estímulo perseverante a las energías renovables, con particular énfasis en la solar y la eólica. Los problemas de estas energías, como la dificultad de almacenarlas y su inestabilidad intrínseca –el sol sale cuando quiere— se pueden resolver investigando en las tecnologías necesarias. Los gobiernos deben resistir las presiones de la industria petrolera y de las monarquías del Golfo, cuyos obvios intereses económicos corren parejos a la desidia por la climatología. Este mismo lunes, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, llamó en Londres a impulsar “una revolución en energía limpia” que desplace a la gasolina, el gas y el petróleo. Otra revolución actual, la de la inteligencia artificial (IA), tiene tal sed de energía y agua que está funcionando contra el sentido de la Historia. Los gobiernos y los consumidores deben presionar a estas gigantescas empresas para que se nutran de energía limpia. Es una cuestión esencial.

Con las gafas de cerca, entretanto, las administraciones deben abrir los ojos y ponerse de una vez a paliar los efectos de un calentamiento que, incluso si dejáramos mañana mismo de emitir CO₂ por completo, seguiría incrementándose durante décadas. Estos días tenemos un ejemplo perfecto con el calor extremo en las escuelas. En España, solo el 1% de los colegios públicos está climatizado. Antiguamente, la canícula pillaba a los alumnos de vacaciones, pero con olas de calor que llegan en mayo aquella suerte se ha acabado. El cambio climático está aquí, y hay que adaptarse a él con decisión e inteligencia política. Es urgente.

Fuente: El País

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