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¡Dormir poco podría aumentar el riesgo de Alzheimer! Esto advierte la UNAM

Dormir menos de lo necesario de manera habitual podría aumentar el riesgo de desarrollar Alzheimer, debido a que la falta crónica de descanso afecta procesos fundamentales para el funcionamiento y mantenimiento del cerebro, de acuerdo con especialistas de la UNAM.

Durante el sueño profundo, particularmente en la fase de ondas lentas, el cerebro activa mecanismos que ayudan a eliminar residuos metabólicos acumulados durante el día. Cuando el descanso se interrumpe constantemente o se reduce durante largos periodos, este proceso puede verse afectado y favorecer la acumulación de proteínas como beta amiloide y tau, relacionadas con el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando falta sueño?
El sueño profundo requiere una adecuada sincronización de la actividad eléctrica cerebral para favorecer la eliminación de residuos metabólicos.
El llamado “sistema de limpieza” puede verse alterado cuando el descanso profundo es insuficiente de manera crónica.
Dormir más durante el fin de semana no necesariamente compensa por completo los efectos acumulados de una privación prolongada del sueño.
Los ronquidos acompañados de pausas respiratorias pueden ser una señal de apnea del sueño, condición que interrumpe las fases profundas del descanso y puede afectar la salud cerebral y general.
La falta de sueño también tiene efectos inmediatos

Dormir poco no solo representa un problema a largo plazo. La privación de sueño puede afectar la consolidación de recuerdos y la comunicación entre las neuronas, además de reducir el rendimiento cognitivo.

Pasar alrededor de 24 horas sin dormir puede provocar un deterioro importante de la atención y las capacidades cognitivas. Asimismo, la falta de descanso puede elevar el cortisol, aumentar la grelina, hormona relacionada con el apetito, y disminuir la sensibilidad a la insulina.

Los especialistas aclaran que una sola noche sin dormir no provoca Alzheimer de manera inmediata. La principal preocupación está relacionada con la privación crónica del sueño durante meses o años.

Por ello, recomiendan procurar entre 7 y 9 horas de descanso cada noche y prestar atención a problemas como los ronquidos con pausas respiratorias, que podrían requerir valoración profesional.

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