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¡Cuidado con los tatuajes! Científicos aún investigan sus efectos a largo plazo

Los tatuajes dejaron de ser una expresión de rebeldía para convertirse en una práctica cada vez más común. En Estados Unidos, casi la mitad de los adultos de entre 30 y 49 años tiene al menos un tatuaje. Sin embargo, su popularidad no significa que la ciencia conozca por completo cómo interactúan las tintas con el organismo.

Durante el proceso, las agujas introducen pigmentos aproximadamente 1 a 3 milímetros bajo la piel. Tanto la perforación como los componentes de las tintas pueden desencadenar respuestas del sistema inmunitario, infecciones y reacciones alérgicas.

“Como comunidad científica, aún no podemos afirmar con certeza si los tatuajes son seguros o inseguros”, explicó John Swierk, químico de la Universidad de Binghamton. El especialista señaló que las investigaciones actuales buscan precisamente aclarar cuáles son los riesgos reales.

Infecciones y alergias, entre las complicaciones conocidas

Los estudios estiman que entre 2% y 67% de las personas tatuadas podrían experimentar algún tipo de complicación, aunque las cifras varían considerablemente dependiendo de la investigación.

En un estudio realizado en una clínica de tatuajes en Dinamarca, el 11% de las complicaciones correspondió a infecciones bacterianas y 37% a reacciones alérgicas.

Las infecciones pueden aparecer pocos días después de realizarse un tatuaje y provocar enrojecimiento, secreción y fiebre. De acuerdo con la dermatóloga Marie Leger, pueden originarse por equipo contaminado, bacterias presentes en la piel que entran en la herida o incluso por la propia tinta.

La contaminación no necesariamente ocurre durante el tatuaje. En 2012 se detectaron bacterias capaces de provocar infecciones en un envase de tinta que todavía no había sido abierto. Más recientemente, investigadores de la FDA encontraron bacterias en 35% de más de 200 tintas analizadas, incluso algunas etiquetadas como estériles.

Las reacciones alérgicas también pueden aparecer después del procedimiento, particularmente por productos utilizados para el cuidado de la piel durante la cicatrización. Pueden provocar enrojecimiento y picazón y, en algunos casos, controlarse mediante cremas tópicas.

Las reacciones pueden aparecer años después

Las alergias provocadas directamente por los pigmentos pueden manifestarse meses o incluso años después de realizar el tatuaje. Las tintas rojas son señaladas como especialmente frecuentes en este tipo de reacciones.

Una característica de estas alergias es que pueden afectar únicamente a determinado pigmento. Por ejemplo, una persona podría presentar inflamación y picazón únicamente en las zonas donde se utilizó tinta roja, sin afectar otros colores del mismo diseño.

También pueden aparecer otras respuestas inmunitarias, como protuberancias en un tatuaje, incluso muchos años después de haber sido realizado. El dermatólogo Christopher Bunick, de Yale, explicó que estas reacciones pueden persistir durante meses o años y suelen tratarse con corticosteroides tópicos.

Uno de los problemas para determinar sus causas es que las etiquetas de las tintas no siempre revelan todos sus componentes. Un estudio realizado en 2024 por Swierk y sus colegas encontró que 83% de las tintas analizadas contenían pigmentos o aditivos que no estaban declarados en sus etiquetas.

¿Los tatuajes pueden aumentar el riesgo de cáncer?

Esta es una de las preguntas que más interés genera entre los investigadores. Algunos componentes de las tintas, incluidos ciertos metales pesados, pueden representar riesgos para la salud. Además, se ha comprobado que parte del pigmento puede desplazarse hacia los ganglios linfáticos.

En 2024, un amplio estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, encontró una posible asociación entre tener tatuajes y un mayor riesgo de linfoma.

Sin embargo, la epidemióloga Christel Nielsen aclaró que el riesgo absoluto de desarrollar linfoma es bajo y que los resultados no demuestran que los tatuajes provoquen cáncer.

Otros estudios sobre la posible relación entre tatuajes y linfoma han obtenido resultados inconclusos, al igual que las investigaciones sobre una posible conexión con el cáncer de piel.

Por ello, los especialistas consideran que se necesitan más investigaciones antes de establecer una relación definitiva entre los tatuajes y el desarrollo de cáncer.

¿Cómo reducir los riesgos?

Si una persona decide tatuarse, los especialistas recomiendan tomar algunas precauciones:

Evitar tatuar zonas que tengan heridas abiertas.
Mantener la zona tatuada limpia y protegida del sol durante la recuperación.
Acudir con un tatuador experimentado que mantenga buenas prácticas de higiene.
Si existe preocupación por las alergias, considerar evitar los pigmentos rojos.
Consultar a un médico ante signos de infección o si aparecen cambios en la textura, inflamación o lesiones en un tatuaje, incluso meses o años después.

Los especialistas coinciden en que acudir con un profesional responsable puede reducir algunos de los riesgos conocidos, particularmente los relacionados con infecciones.

En definitiva, hacerse un tatuaje sigue siendo una decisión personal. La evidencia científica permite identificar algunos riesgos, pero todavía existen interrogantes sobre sus efectos a largo plazo. La incertidumbre actual, sin embargo, no significa que los expertos consideren que las personas deban evitar necesariamente los tatuajes.

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