¿Cuándo dejamos de escuchar antes de opinar?

En Chihuahua, como en gran parte del país, pareciera que cada discusión pública termina convertida en una batalla. Basta abrir una red social para encontrar insultos, descalificaciones y juicios emitidos en cuestión de segundos, muchas veces sin haber leído una nota completa o escuchado las dos versiones de una historia.
La inmediatez de las plataformas digitales ha cambiado la forma de informarnos, pero también ha reducido la disposición para dialogar. Hoy es más sencillo compartir una publicación o responder con enojo que detenerse a verificar si la información es correcta.
La polarización política ha contribuido a este fenómeno. Cualquier tema —desde una obra pública hasta una decisión deportiva o cultural— suele dividir opiniones entre quienes defienden una postura y quienes la rechazan, dejando poco espacio para el análisis objetivo.
Recuperar la capacidad de escuchar no significa estar de acuerdo con todos. Significa reconocer que detrás de cada noticia existen contextos, datos y personas que merecen ser comprendidos antes de emitir un juicio.
Quizá uno de los mayores retos para Chihuahua no sea únicamente resolver sus problemas de seguridad, movilidad o desarrollo, sino también reconstruir una cultura de diálogo donde las diferencias puedan discutirse con respeto y argumentos, no con descalificaciones.
Porque una sociedad que escucha primero, decide mejor después.




