¿Estamos normalizando vivir con calor extremo?

Hace apenas unos años, los días con temperaturas superiores a los 40 grados eran considerados excepcionales. Hoy parecen formar parte de la rutina y, lo más preocupante, muchos ya los ven como algo normal.
La pregunta es si como sociedad nos estamos adaptando de manera responsable o simplemente nos estamos acostumbrando a un riesgo que cada verano cobra mayor relevancia. No se trata únicamente de sentir incomodidad; el calor extremo representa un peligro para la salud, especialmente para niñas y niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Las autoridades tienen la responsabilidad de habilitar centros de hidratación, fortalecer campañas preventivas y garantizar el acceso al agua. Sin embargo, la prevención también depende de la ciudadanía: evitar la exposición prolongada al sol, mantenerse hidratado y cuidar a las personas más vulnerables.
El calor ya no es solo un tema del pronóstico del tiempo. Es un desafío de salud pública que exige cambios en los hábitos cotidianos, en la infraestructura urbana y en la forma en que enfrentamos los veranos.
La verdadera pregunta es: ¿estamos preparados para convivir con temperaturas cada vez más altas o seguimos reaccionando únicamente cuando ocurre una emergencia?




