¿Qué ha ganado México? Un análisis de las relaciones hemisféricas

Sixto Duarte / Analista
Siempre he criticado la postura de considerar que las relaciones entre países se deben limitar al comercio. El mundo es algo mucho más grande que un mercado. Las relaciones entre países dependen de la cultura, la historia, la conveniencia geopolítica, y desde luego, el comercio, pero no exclusivamente este último.
Por ejemplo, la relación con España deriva de lazos históricos en función de los cuales, nuestros países están íntimamente entrelazados. La relación con Chile y Argentina, por ejemplo, deriva en gran medida del auxilio que prestó México a los refugiados de las dictaduras de ambos países.
Sin embargo, insisto, a pesar de ser crítico de sustentar nuestras relaciones diplomáticas solamente con potenciales socios, considero que no deben de descuidarse estas áreas de oportunidad.
En su momento, fui crítico de la postura de Zedillo o incluso de Peña, de enviar mensajes al mercado internacional al nombrar como cancilleres, no a diplomáticos, sino a economistas. Pero en este mundo globalizado, entiendo que se debe de mantener una calma y certidumbre ante nuestros principales socios comerciales.
La relación bilateral entre Estados Unidos y México debe ser una de las más complejas que hay en el mundo. Nuestras economías dependen una de la otra (más nosotros de ellos que a la inversa). En nuestro caso, el 85% de nuestras exportaciones van a dar a Estados Unidos. Sin ese mercado, México estaría sumido en una crisis económica más aguda que la que enfrentan países como Argentina, o cualquier país sudamericano.
Ahora bien, desde que inició el gobierno de López Obrador, México fue sumiso con su principal socio comercial, Estados Unidos. Pero a la vez, se dedicó a estrechar lazos diplomáticos con diversos países del continente, especialmente con aquellos gobernados por dictaduras.
En materia de política exterior, México ha optado por ponderar con mayor peso las cuestiones ideológicas que las cuestiones de intereses nacionales. Por ejemplo, se ha negado a condenar las dictaduras que existen en Venezuela, Nicaragua o Cuba. Lo han hecho bajo el argumento que, de conformidad con la Doctrina Estrada, no pueden opinar de lo que ahí ocurre. Sin embargo, sí han opinado de lo que ocurre en Ecuador (porque tienen un Presidente de derecha) o lo que ocurre en Perú (por haber destituido a un Presidente de izquierda). Aquí, para estos asuntos, parece que no ha importado la Doctrina Estrada. Hemos llegado al punto que incluso se han roto relaciones diplomáticas con esos países.
El péndulo político ha llegado al punto en donde ahora, Argentina y Chile, son gobernados por la derecha. Lo mismo sucede en El Salvador y Ecuador. Sin embargo, parece que México no tiene interés en estrechar relaciones con estos países. Nuevamente, el ingrediente ideológico.
El hemisferio está viviendo momentos tensos. Al amago de Estados Unidos de intervenir militarmente en nuestro país, se suma la postura de Estados Unidos de bombardear lanchas que salgan de Venezuela, cuando aparentemente las mismas trasladen droga. En días recientes, el gobierno de Estados Unidos emitió un decreto que prohíbe a los cargueros venezolanos trasladar petróleo, la única fuente de riqueza con que cuenta Venezuela.
Lo que suceda entre Estados Unidos y Venezuela es solamente un asunto de esos países. Sin embargo, la Presidenta Sheinbaum se ha ofrecido a ‘mediar’ entre ambos países. Resulta irónico que ofrezca eso cuando en México no puede dialogar con los campesinos, ni la oposición, y en ocasiones ni siquiera con las élites de su partido político.
La semana pasada, la Representante del Estado de Florida, la republicana María Elvira Salazar, anunció en la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja que México había enviado a Cuba petróleo con un valor de tres mil millones de dólares. Es decir, el gobierno que es cuentachiles y pichicatea cada centavo, con ejemplos como retirarle la pensión a expresidentes, o reducir el financiamiento a los partidos políticos, o incluso mutilar al INE, resulta que regala petróleo.
En este mismo sentido, Salazar mencionó la promoción de la esclavitud que se da en tiempos de la 4T, al pagar al gobierno de Cuba para que le envíe médicos cubanos para atender enfermos en México. Ese dinero no va a parar a los médicos que son enviados aquí a trabajar, sino que se le paga al gobierno de Cuba, quien decide a quién pagarle, cuánto y cómo. Eso se llama esclavitud.
México está poniendo en riesgo el tratado de libre comercio con sus principales socios comerciales por regalarle dinero a países como Cuba, promoviendo prácticas de esclavitud como la mencionada.
La relación con Cuba es histórica. Durante la Guerra Fría, México fue un país defensor de la isla. Ningún país del hemisferio se atrevía a defender a Cuba como lo hizo México. Sin embargo, el modelo político cubano se encuentra completamente agotado. Desde una perspectiva objetiva, sigo sin entender qué es lo que le abona Cuba a México para que nosotros, a cambio, regalemos tres mil millones de dólares en petróleo, o le regalemos el dinero al Estado cubano para que ellos nos manden a sus médicos casi en calidad de esclavos. Es decir, ¿Qué gana México?
Lo mismo me atrevo a decir de Venezuela. La relación con Venezuela no le abona nada a México, y le perjudica en su relación con Estados Unidos y sus socios comerciales. Entiendo que México es un país soberano, pero bajo esa lógica, nuestros socios comerciales también lo son, y pudieran establecernos restricciones que no tenemos necesidad de atravesar, solo por mantener un vínculo de conveniencia política (ni siquiera ideológica).
El hecho de que México no condene los atropellos a derechos humanos que existen en Venezuela lo convierte en cómplice de ese narcogobierno, quizá porque el nuestro también es un narcogobierno.
Un ejemplo de la postura mezquina de Claudia Sheinbaum fue cuando se le preguntó qué opinaba de que María Corina Machado (líder de la oposición en Venezuela) había ganado el Premio Nobel de la Paz. “Sin comentarios” dijo Sheinbaum.
En lo personal, yo estuve en desacuerdo con que ese premio se le diera a María Corina Machado. Si hubiera un Premio Nobel de la Democracia, sin duda ella sería la merecedora. Pero el Premio Nobel de la Paz, en un mundo donde actualmente se están peleando cuando menos dos guerras de enormes proporciones, me parece un despropósito. Paz no es lo mismo que Democracia. Sin embargo, a la Jefa del Estado mexicano nada le costaba haber hecho un comentario generoso para quien ha luchado arriesgando su vida para sacar a la dictadura de Venezuela. Prefirió no decir nada para no incomodar a Maduro.
Aquí también me pregunto, ¿Qué ha obtenido México de la relación con Venezuela? Absolutamente nada.
El otro caso es el de Nicaragua. México no se atreve a condenar un régimen a todas luces antidemocrático y corrupto.
Las relaciones exteriores de los países no deben conducirse únicamente en función del mercado (tal como lo dije al inicio de este artículo), pero algo deben abonar. En este caso, la relación de México con Cuba, Nicaragua y Venezuela no le han traído nada a México, le han costado, y le pueden seguir costando con sus principales socios comerciales.
Por último, si México solamente se relacionara con Estados que son gobernados por la izquierda, perdería muchas oportunidades. A pesar de ello, desde el inicio del gobierno de López Obrador, México se peleó con España (gobernado por la izquierda). Una postura diplomática tonta, absurda, llena de dogmas, y de un mexicanismo trasnochado.




