Juicio Político

Guerras ajenas que pagamos todos

Cuando a media semana, en las principales ciudades de Chihuahua dieron a conocer los precios del gas y la gasolina, lo que menos pensó la ciudadanía era en tomar partido entre Estados Unidos e Irán.

La verdad es un conflicto entre dos, pero que pagamos todos. Así de simple y así de cruel. Que si el presidente norteamericano tiene la culpa, que si Irán debe respetar a Irak, que si la ONU no interviene o que si Ormuz debe liberar las rutas, es algo que al simple consumidor de combustible le importa un cacahuate.

Aquí lo importante es que el cilindro de gas tuvo un aumento considerable, la gasolina igual y el diésel ni se diga. Para las familias chihuahuenses y para los productores del campo ese conflicto entre Estados Unidos e Irán está a miles de kilómetros de distancia, pero las consecuencias en el bolsillo.

Y es que esa guerra entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a colocar al petróleo en el centro de la economía global, con consecuencias inmediatas para países como México, especialmente en el norte mexicano.

En cuestión de semanas, el precio internacional del crudo se ha disparado más de 50%, impulsado por daños a infraestructura energética y el riesgo permanente sobre rutas clave como el estrecho de Ormuz . Este encarecimiento ya se refleja en la mezcla mexicana, que ha superado los 100 dólares por barril, su nivel más alto en años.

Aunque en apariencia esto beneficia las finanzas públicas por mayores ingresos petroleros, la realidad es más compleja: México sigue importando combustibles y está expuesto a los precios internacionales.

El efecto inmediato es inflacionario. El aumento en energéticos impacta directamente los precios de gasolinas, diésel, electricidad y transporte, pero también se filtra a toda la cadena productiva. En marzo, la inflación anual ya ronda el 4.6% en México, con riesgos al alza.

Pueden delinearse tres escenarios inflacionarios. El primero, de contención, supone un conflicto breve: los precios del petróleo se estabilizan y la inflación en México se mantiene de 4 a 5%, con apoyo de subsidios gubernamentales. El segundo, de persistencia, implicaría un conflicto prolongado con petróleo por encima de los 100 dólares; en este caso, la inflación podría escalar hacia niveles de 5% a 6%, presionando al Banco de México a endurecer su política monetaria.

Y el tercero, y más grave, es el de crisis, según expertos en finanzas internacionales, porque contempla una interrupción severa del suministro global: aquí los precios energéticos podrían dispararse aún más, generando inflación superior al 7% y una desaceleración económica marcada, como advierten análisis internacionales.

El norte de México enfrenta vulnerabilidades particulares. Su alta integración con la economía estadounidense lo hace especialmente sensible al encarecimiento de combustibles y a la desaceleración industrial en Estados Unidos.

Sectores clave como la manufactura, el transporte de mercancías y la logística, fundamentales en estados fronterizos, ya resienten el aumento en costos energéticos. Además, el alza en gasolina en Estados Unidos, que ha superado incrementos de 20% en semanas, reduce el dinamismo del consumo en la región fronteriza. Chihuahua es parte esencial en el tema de exportaciones.

A ello suman el impacto en cadenas de suministro. El encarecimiento del transporte marítimo y terrestre eleva los costos de exportación e importación, afectando directamente a las maquiladoras del norte. En un entorno donde la competitividad depende de costos logísticos bajos, este factor puede erosionar márgenes y frenar inversiones.

La guerra entre Estados Unidos e Irán no sólo redefine el orden energético global, sino que coloca a México ante un dilema clásico: ganar como exportador de crudo, pero perder como economía dependiente de energéticos importados. Para el norte del país, el riesgo es aún mayor: ser la primera línea de transmisión de una crisis que, aunque lejana en origen, ya se siente en cada litro de gasolina y en cada mercancía transportada.

Sólo un ejemplo: el gas LP cierra marzo, en la ciudad de Chihuahua, en su nivel más alto ($19.78 por kilo); los municipios de Madera, Matachí y Temósachic registran los precios de gas LP más altos del estado, con un costo de 20.63 pesos por kilogramo.

Juárez tiene los precios más bajos: 17.51 pesos por kilogramo y 9.46 pesos por litro de gas LP. La pregunta obligada, ¿por qué a media semaPna una gran cantidad de estaciones de combustible negaron tener gasolina Plus (o roja)? ¿Están esperando nuevos precios y luego vender la que ya tienen? Sí, las guerras ajenas las pagamos todos. Que no nos salgan con que es un conflicto que no le afecta a México. Nos afecta y bastante. Al tiempo.

José Luis García

Fuentes: Diario MX, Diario de Chihuahua, Milenio, El País.

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