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Perimenopausia: así cambia el cuerpo antes de la menopausia y estos son sus principales síntomas

La llegada de la menopausia no ocurre de manera repentina. Antes de que termine definitivamente la menstruación, el cuerpo atraviesa una etapa de transición conocida como perimenopausia, un proceso biológico natural en el que comienzan a presentarse cambios hormonales y menstruales.

De acuerdo con la Secretaría de Salud federal, esta fase corresponde al periodo previo a la menopausia, cuando los ovarios reducen progresivamente su actividad y se producen fluctuaciones importantes en los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona.

¿A qué edad comienza la perimenopausia?

La perimenopausia suele hacerse más evidente entre los 45 y 50 años, aunque no todas las mujeres la experimentan a la misma edad. En algunos casos, los primeros cambios pueden aparecer desde los 30 años, mientras que en otras mujeres pueden presentarse hasta la quinta década de vida.

Clínicamente, esta etapa comprende aproximadamente los dos o tres años previos al último periodo menstrual y hasta un año después.

Es importante distinguirla de la premenopausia, término que puede utilizarse para referirse a los años anteriores en los que continúa el agotamiento progresivo de los folículos ováricos.

La menopausia se confirma cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación. En promedio, ocurre entre los 49 y 51 años.

Cambios en el periodo menstrual

Uno de los primeros indicios de la perimenopausia son las modificaciones en el ciclo menstrual. Durante la etapa temprana, los periodos pueden adelantarse o retrasarse más de siete días.

Conforme avanza la transición, los intervalos entre menstruaciones pueden llegar a ser de 60 días o más, además de presentarse la ausencia de dos o más periodos consecutivos.

El sangrado también puede cambiar y volverse más ligero o abundante, debido a que la ovulación comienza a producirse de manera irregular e impredecible.

Bochornos, sudoración y problemas para dormir

Los sofocos o bochornos son uno de los síntomas más conocidos de esta etapa. Se estima que entre 65% y 75% de las mujeres los experimentan.

Se manifiestan como episodios repentinos de calor intenso, principalmente en el rostro, cuello y pecho, que pueden acompañarse de rubor y sudoración, especialmente durante la noche.

Cuando estos episodios interrumpen el descanso de manera frecuente, pueden favorecer el insomnio, la fatiga, el cansancio y una mayor irritabilidad durante el día.

Sequedad vaginal y cambios urinarios

La disminución progresiva de los estrógenos también puede afectar los tejidos y órganos del aparato urogenital.

Entre los cambios más frecuentes se encuentran la sequedad vaginal, menor elasticidad de los tejidos, picazón e incomodidad durante las relaciones sexuales.

Además, las modificaciones en la mucosa y la microbiota vaginal pueden aumentar la susceptibilidad a presentar ardor al orinar e infecciones urinarias recurrentes.

El debilitamiento de los músculos del suelo pélvico también puede favorecer pequeñas pérdidas involuntarias de orina, por ejemplo, al toser o estornudar.

Cambios emocionales, dolores y otros síntomas

Las fluctuaciones hormonales pueden acompañarse de cambios en el estado de ánimo, ansiedad, tristeza, angustia y dificultades para concentrarse.

También pueden aparecer dolores articulares y musculares, cefaleas y sensación de hinchazón abdominal, síntomas que en algunos casos pueden parecerse a los del síndrome premenstrual.

A largo plazo, la disminución de los niveles de estrógeno puede acelerar la pérdida de masa ósea, aumentando el riesgo de osteopenia y osteoporosis, además de provocar cambios en los niveles de colesterol.

La intensidad y combinación de síntomas varía de una mujer a otra. Por ello, ante cambios importantes en el ciclo menstrual, síntomas persistentes o molestias que afectan la vida cotidiana, es recomendable acudir con un profesional de la salud para recibir una valoración adecuada.

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