Juicio Político

La libertad económica de EE.UU. en jaque por la guerra comercial de Trump

Durante más de un siglo, Estados Unidos fue sinónimo de prosperidad y referente mundial de la libertad económica. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Washington promovió activamente la reducción de aranceles y el libre comercio como motores del crecimiento global. Sin embargo, en los últimos años esa posición ha cambiado. En 2023, antes del 2º mandato de Donald Trump, el país ocupaba el lugar 56 de 165 en libertad comercial, según el índice Economic Freedom of the World. Pese a que mantenía aranceles relativamente bajos, su sistema ya mostraba rigideces en capital, personas y controles regulatorios.

Trump, convencido de que Estados Unidos había sido “saqueado por prácticamente todos los países del mundo”, emprendió una guerra comercial sin precedentes. En abril de 2025, el promedio arancelario alcanzó 28 %, situando al país con la 2ª tasa más alta del planeta, solo detrás de Sudán. Este viraje llevó a que su rango de libertad comercial cayera de la posición 56 a la 76, y su índice global de libertad económica descendiera del 5º al 10º puesto.

Los datos muestran que las naciones con menores aranceles gozan de un PIB per cápita hasta 4,5 veces mayor que aquellas con tarifas más altas (43,502 dólares frente a 9,703). Mientras Canadá, México y la Unión Europea han mantenido prácticas más abiertas, la estrategia proteccionista estadounidense amenaza con encarecer productos, limitar exportaciones y frenar la competitividad. La paradoja es clara: en nombre de “proteger a los trabajadores”, la Casa Blanca está debilitando los fundamentos que sostuvieron la prosperidad norteamericana.

El análisis de los componentes del índice revela que el declive no se debe solo a los aranceles. Desde el 2000, los controles sobre capitales y personas han reducido drásticamente la puntuación, acentuados por restricciones migratorias desde 2014. La guerra comercial aceleró la tendencia con medidas erráticas: imposición de tarifas, revocaciones judiciales y reimposiciones de emergencia, que transmiten incertidumbre a inversionistas y productores.

Más allá de los aranceles, el riesgo es que la restricción comercial derive en la erosión de otras libertades económicas. La presión de Trump sobre la Reserva Federal para flexibilizar la política monetaria amenaza con dañar la estabilidad del dólar. Asimismo, la imposición de condiciones extraordinarias a empresas extranjeras —como el caso de Nippon Steel— apunta a una intromisión regulatoria inédita. Incluso, propuestas de cheques de reembolso arancelario en el Congreso auguran un mayor gasto público.

La conclusión es contundente: la guerra comercial no solo encarece bienes y debilita la competitividad, sino que erosiona pilares históricos de la libertad económica estadounidense. El país que construyó su prosperidad sobre mercados abiertos y reglas claras se desliza hacia un proteccionismo que lo acerca a las naciones menos libres y más pobres. Mantener la grandeza de Estados Unidos exige recuperar el compromiso con instituciones abiertas, mercados competitivos y un Estado que intervenga de manera limitada, eficiente y respetuosa de la iniciativa privada. En este contexto, diversos expertos advierten que si se mantiene la actual estrategia, Estados Unidos corre el riesgo de comprometer no solo su liderazgo económico, sino también su influencia geopolítica. La historia demuestra que las naciones que adoptan el proteccionismo terminan rezagadas frente a aquellas que promueven la apertura y la innovación. Así, la disyuntiva para Washington es clara: persistir en un camino que erosiona su fortaleza o retomar la senda de la libertad económica que durante décadas le aseguró prosperidad y estabilidad global.

Como vemos, el populismo ya sea de derecha o de izquierda siempre será perjudicial para las sociedades

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