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Alerta mundial por el “bluetoothing”: la peligrosa práctica de inyectarse sangre ajena que preocupa a las autoridades sanitarias

Una peligrosa práctica relacionada con el consumo de drogas inyectables ha encendido las alertas sanitarias en distintas partes del mundo. Conocida como “bluetoothing”, “flashblooding” o “hotspotting”, consiste en extraer sangre de una persona que ha consumido drogas para transferírsela a otra, bajo la creencia de que así puede experimentar nuevamente sus efectos.

Además de ser una práctica de alto riesgo, puede facilitar la transmisión del VIH y de infecciones como la hepatitis cuando se comparte sangre contaminada. Especialistas advierten que esta conducta puede estar relacionada con la dependencia, la abstinencia, la pobreza y la falta de acceso a jeringas estériles y servicios de atención médica.

Aunque quienes recurren a este método buscan aliviar el síndrome de abstinencia o conseguir un efecto asociado con las drogas, la cantidad de sustancia que permanece en la sangre puede ser insuficiente para producir el resultado esperado. Esto convierte la práctica en un riesgo grave para la salud, sin garantizar el efecto que buscan sus participantes.

Fiyi enfrenta un preocupante aumento de casos de VIH

El archipiélago de Fiyi, en Oceanía, se ha convertido en uno de los escenarios más preocupantes por el aumento de las infecciones de VIH. De acuerdo con cifras citadas en reportes periodísticos internacionales, el país registró alrededor de 2 mil nuevos casos hacia finales de 2025 e inicios de 2026, un nivel muy superior al reportado en 2019.

Los datos difundidos también apuntan a que el consumo de drogas por vía intravenosa está relacionado con una proporción importante de los nuevos contagios. La población joven, especialmente las personas de entre 15 y 34 años, se encuentra entre los grupos afectados.

Sin embargo, para determinar qué parte de las infecciones está vinculada específicamente con el intercambio de sangre, es necesario distinguir esta conducta de otras formas de exposición asociadas al uso de drogas inyectables.

Una práctica que también se ha reportado en África y Asia

El fenómeno no se limita al Pacífico. Reportes periodísticos han documentado conductas similares en distintas regiones de África, donde algunas personas que consumen drogas recurren al intercambio de sangre en contextos de dependencia y escasez de recursos.

En Sudáfrica, por ejemplo, se ha señalado su presencia entre consumidores de nyaope, una mezcla de sustancias altamente adictiva. En países como Lesoto, Zimbabue y Tanzania, la práctica también ha sido descrita bajo el nombre de flashblood.

En Karachi, Pakistán, crónicas periodísticas han documentado casos de personas que recurren a jeringas usadas o con sangre ajena, pese al riesgo de contraer infecciones graves.

La falta de material médico estéril, el estigma y las dificultades para acceder a tratamientos pueden agravar el problema y dificultar la detección oportuna de nuevos contagios.

El estigma dificulta conocer la magnitud del problema

Medir la frecuencia real de esta práctica representa un desafío para las autoridades sanitarias y las organizaciones que trabajan con personas que consumen drogas. El miedo a la discriminación o a las consecuencias legales puede llevar a que muchas personas oculten sus conductas durante las entrevistas y consultas médicas.

Evaluaciones realizadas entre usuarios de drogas inyectables han encontrado que solo una pequeña parte reconoce haber participado directamente en la transferencia de sangre. No obstante, organizaciones comunitarias advierten que estos registros podrían no reflejar por completo lo que sucede en los entornos más vulnerables.

Por ello, los especialistas consideran fundamental fortalecer la prevención, ampliar las pruebas de detección del VIH y la hepatitis y garantizar el acceso a servicios de salud confidenciales.

Prevención y atención médica, claves para frenar los contagios

Entre las medidas utilizadas para reducir los riesgos se encuentran los programas de distribución e intercambio de agujas y jeringas estériles, las pruebas periódicas de VIH y hepatitis, y el acceso a tratamientos para la dependencia de opioides, incluida la terapia con metadona cuando está indicada.

Las autoridades sanitarias también promueven estrategias de reducción de daños que permitan acercar a las personas a los servicios médicos sin exponerlas a la discriminación.

El intercambio de sangre nunca debe considerarse una forma segura de consumir drogas. Además de no garantizar el efecto buscado, puede provocar infecciones potencialmente mortales. La información, la atención médica oportuna y el acceso a materiales estériles son herramientas esenciales para prevenir nuevos contagios y proteger a las comunidades.

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