Chihuahua no puede seguir administrando el agua como una emergencia

Chihuahua no puede darse el lujo de hablar del agua solamente cuando falta. Cada verano, cada periodo de sequía y cada problema de abastecimiento vuelve a colocar el mismo tema sobre la mesa: ¿qué estamos haciendo para garantizar que dentro de diez, veinte o treinta años siga habiendo agua suficiente para vivir, producir y crecer?
El problema es que durante demasiado tiempo la conversación pública se ha concentrado en apagar incendios. Se perfora un pozo cuando disminuye el suministro, se anuncian obras cuando una zona comienza a tener problemas y se buscan soluciones cuando la presión social ya es evidente. Pero el agua no funciona con calendarios políticos ni espera a que aparezca una crisis para convertirse en prioridad.
Chihuahua tiene además una particularidad que no puede ignorarse: es un estado extenso, con regiones agrícolas, ciudades que crecen rápidamente y comunidades rurales que enfrentan condiciones completamente distintas. Hablar de “el problema del agua” como si fuera uno solo simplifica una realidad mucho más compleja.
También está el campo. La actividad agropecuaria depende directamente de la disponibilidad del recurso y cualquier reducción en el acceso al agua termina teniendo consecuencias económicas que van mucho más allá de los productores. Lo que sucede con el agua también repercute en precios, empleos, cadenas productivas y comunidades enteras.
En las ciudades, el reto es diferente, pero igual de urgente. Crecimiento urbano significa más viviendas, más industria y mayor demanda. Si la infraestructura no crece al mismo ritmo, el resultado termina siendo conocido: presión insuficiente, tandeos, fugas y ciudadanos que reciben el mensaje de ahorrar agua mientras observan sistemas que todavía pierden parte del recurso antes de que llegue a sus hogares.
Por eso, la discusión debería ir más allá de quién perforará el siguiente pozo. Chihuahua necesita preguntarse cuánto agua puede extraer, cuánto consume, cuánto pierde y qué alternativas tiene para reutilizarla. Necesita mejores sistemas de medición, mantenimiento de infraestructura, tratamiento y aprovechamiento de agua residual, además de una planeación urbana que considere la disponibilidad real del recurso.
Y hay otro elemento indispensable: la transparencia. Las decisiones relacionadas con el agua deben poder ser revisadas por la sociedad. ¿Cuánto se extrae? ¿Cuánto se consume? ¿Cuánto se pierde? ¿Qué obras funcionan? ¿Cuánto cuestan? Son preguntas demasiado importantes para quedar únicamente en informes técnicos.
El agua no debería ser una bandera política de temporada ni un tema que aparezca solamente cuando las condiciones se complican. Es una condición básica para el desarrollo de Chihuahua. Si el estado quiere seguir creciendo, tendrá que aprender a administrar mejor uno de sus recursos más limitados.
Porque al final, el verdadero problema no será únicamente encontrar agua cuando haga falta. Será haber sabido anticiparse cuando todavía había tiempo para hacerlo.




