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Violencia ácida deja profundas secuelas psicológicas y afecta la autoestima de sobrevivientes

Las agresiones con sustancias corrosivas pueden dejar consecuencias que van mucho más allá de las lesiones físicas, al generar daños emocionales que afectan la identidad, autoestima y vida social de quienes sobreviven a este tipo de violencia, advirtió la doctora en Psicología Social, Ana Luisa Sola.

La especialista explicó que la llamada violencia ácida puede provocar un impacto psicológico severo, especialmente cuando las víctimas deben enfrentar tratamientos médicos prolongados, cirugías reconstructivas y cambios permanentes en su apariencia.

“Las secuelas suelen agravarse debido a los tratamientos médicos prolongados, las cirugías reconstructivas y los cambios permanentes en la apariencia”, puntualizó.

TEPT, depresión y pérdida de autoestima

Entre las principales consecuencias psicológicas se encuentra el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), que puede manifestarse mediante recuerdos intrusivos del ataque, pesadillas, miedo constante y un estado de alerta permanente ante situaciones que la persona perciba como peligrosas.

A esto puede sumarse una depresión profunda, relacionada con el dolor crónico, los procedimientos médicos y la pérdida de las condiciones físicas que tenía antes de la agresión. Estas circunstancias pueden provocar tristeza persistente, desesperanza e incluso una pérdida del sentido de vida.

La modificación de la apariencia también puede generar un fuerte impacto en la autoimagen y la autoestima. De acuerdo con Sola, las víctimas pueden atravesar un proceso de duelo por la pérdida de su rostro o cuerpo anterior, lo que dificulta la aceptación de su nueva imagen y puede repercutir en su identidad personal.

El miedo al rechazo puede provocar aislamiento

Las secuelas también pueden extenderse a las relaciones familiares, sociales y laborales. La vergüenza, el temor al rechazo, la discriminación y las miradas de otras personas pueden llevar a las sobrevivientes a aislarse y reducir su interacción con amigos, familiares y compañeros de trabajo.

Asimismo, pueden presentarse ansiedad y fobias sociales, debido al temor de salir a la calle, ser objeto de juicios o enfrentar nuevamente una situación de violencia.

La especialista señaló que todas estas condiciones pueden limitar considerablemente la autonomía y las actividades cotidianas de las víctimas, por lo que la atención psicológica especializada es fundamental durante el proceso de recuperación.

El acompañamiento emocional, junto con la atención médica y reconstructiva, puede convertirse así en una parte esencial para que quienes sobreviven a estas agresiones puedan afrontar las secuelas y reconstruir su vida después del ataque.

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