Juicio Político

¡Bendita pirotecnia!

Cada año es lo mismo. Vemos por distintos medios de comunicación locales las desgracias causadas como consecuencia del uso de pirotecnia por parte de menores de edad. Situaciones que realmente inquietan por cómo terminan, desde incendios en casa hasta mutilaciones de sus de sus dedos. Aquí la pregunta va más allá de, ¿dónde están sus padres o madres?, si no la cuestión obligada es, ¿qué hacen las autoridades para la regulación de dicha actividad y evitar ese tipo de accidentes?

Y es que se habla mucho de la prohibición de la pirotecnia, pero la vemos a la venta como cualquier artículo en los semáforos, estacionamientos y calles transitadas de la ciudad, vendiéndose enfrente de la propia autoridad y adquiriéndose por gente inconsciente, para después, sin escrúpulo alguno, dejarla en manos de menores para que puedan manipularla como si fuera un simple juguete, siempre con la idea de “no pasa nada…”, “sólo es una paloma…”, pero por sencillo que sea el explosivo ha marcado la vida de cientos de niñas y niños, principalmente, al dejarles en sus manos para que se diviertan en estas fechas.

Esa diversión disfrazada de tradición ha terminado en tragedia y la vemos a diario en las calles, como si el peligro no existiera y “haciéndenos de la vista gorda” cada persona y autoridad qué pasa frente a quienes los venden por montones como si de dulces se tratara. Y aquí entra la interrogante, ¿quién es responsable de esto? Habrá que revisar desde quienes otorgan los permisos o son omisos en la evidente comercialización, en tienditas en las colonias o en los semáforos, a la vista de cualquier persona; no se diga quiénes los adquieren, la propia familia, que después de forma irresponsable los coloca en las manos de un menor que podría terminar en el hospital; o hasta un mayor inconsciente que se la pasará toda la noche comportándose como el primero.

Y es común que minimicemos este acto, por parecernos una simplicidad, algo que no podría pasar a mayores, pero que ha pasado y de forma fatal, terminando con la diversión al esperar amargamente ser atendidos en algún nosocomio exigiendo que se remedie lo que se propició a sabiendas de las graves consecuencias. Y todavía con tremenda indiferencia se compran, encienden y lanzan sin pensar en lo que causan en bebés, personas autistas, personas de la tercera edad y mascotas que por su desesperación huyen de casa, que antes de ser respetuosos se prefiere la burla hacia todo esto sin descaro alguno.

Me queda claro que como sociedad difícilmente se tomará conciencia al respecto, pero la intervención directa de las autoridades debe de ser inmediata, porque hasta el momento, desde hace años, la omisión siempre ha estado presente más que la prevención y la sanción misma. Aquí alguien no está haciendo su chamba y es más que notorio.

¡Estoy para ayudar!

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