Juicio Político

Rarámuris; correr y danzar para Onorúame

Los integrantes de las comunidades de la zona tarahumara han convertido el movimiento de sus cuerpos en parte de un ritual que tiene como finalidad honrar a su dios supremo: Onorúame. Para ellos la danza y la carrera son rituales, más que diversión.

Onorúame es la naturaleza, el cosmos, el cambio, el movimiento, el dinamismo cíclico que es causa de la vida y la muerte, principio creador y sustentador de todo cuanto hay y a lo cual pertenece el ser humano.

Las actividades ceremoniales que se ofrecen a Onorúame son, básicamente, un comunicado al dios supremo que reina entre las montañas elevadas y los cañones profundos de la serranía. Dicho comunicado es tanto un gesto para pedir como para agradecer.

“Oh gran señor Onorúame, te damos las gracias por mandarnos las lluvias que hacen crecer nuestras cosechas y darán de comer a nuestro pueblo”. Un texto en un documental llamado “Los Tarahumaras” producido por la Secretaría de Educación Pública hace ya tres décadas.

Con sus ancestrales ceremonias, los rarámuris se convierten en mensajeros conscientes de los ciclos, de las vueltas que hacen de la naturaleza un mundo que nace y renace dentro de un equilibrio de fuerzas al cual contribuyen, como humanos, danzando y corriendo.

Por lo anterior, la ceremonia de la danza y el ritual de las carreras, son alegorías que buscan conectar y contribuir con equilibrio de las fuerzas que Onorúame controla. El movimiento parece ser, para los rarámuris, el principio de todo lo que hay.

Una danza “Pascol” (un ritual que prevalece a través de las generaciones) es un ejemplo de movimiento infinito. En ella, los participantes se cierran en un círculo, representando con ello lo que no tiene principio ni fin.

Es destacable que los participantes en la danza “Pascol” no solamente van moviendo sus pies siguiéndose uno al otro al ritmo de las guitarras y los violines; también van girando sobre sus pies, confirmando el ciclo del desarrollo personal a través del movimiento supremo.

Los rarámuris agradecen así un buen ciclo de lluvias y buenas cosechas. También danzan para pedir que así sea en el futuro. Creen firmemente en la actividad de un ser superior que se encarga de ordenarlo todo para beneficio de los seres humanos.

A través de estas ceremonias los rarámuris van transmitiendo su visión del cosmos, su creencia en las fuerzas que dan equilibrio a la naturaleza y a las cuales se debe la vida y la muerte. Es evidente que la enseñanza y el aprendizaje de la cultura tarahumara son activos, con participación y conciencia.

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