La quimera del trabajo digno

Para el juarense, así como para cualquier otra persona, no hay nada más gratificante que un trabajo digno, este nos permite con el sudor de nuestra frente cubrir nuestras necesidades básicas, las de los nuestros y tener un progreso en la vida. Nos permite aportar a la sociedad desde nuestros talentos y conocimientos, así como poder enaltecer a nuestra comunidad, nos da acceso a alimentos, vivienda, salud e incluso cuando llega el momento de la vejez cuando el cuerpo no puede hacer los esfuerzos de antaño, nos permite seguir viviendo de manera digna, porque la jubilación es el reconocimiento de lo que se hizo en el pasado.
Todas estas características del trabajo digno no se lograron de manera automática, sucesos históricos y de lucha tuvieron que darse durante décadas para condensar así un mínimo de derechos que nos permitieran vivir con dignidad, en el caso mexicano podemos apreciarlo en el artículo 123 de la Constitución que pasa a ser el más largo de la carta magna por lo importante y minucioso que son estos derechos, por asentar las bases de las instituciones que amparan estas prerrogativas como el Infonavit, el IMSS y las cuales debemos a nuestros antepasados, porque desgraciadamente costaron luchas, costaron sangre.
La cuestión es que hoy en día estos derechos y la dignidad misma de un trabajo parecen erosionarse, desde niños se nos enseñan las cuestiones más básicas como la jornada de ocho horas, días de descanso obligatorio, vacaciones y todo eso se aprende para ser olvidado, o bien verlo atropellado, porque los trabajadores mexicanos sabemos que esos derechos existen, pero parece que no hay quien lo haga valer. Desafortunadamente cunado uno trata estos temas incluso lo juzgan a uno de “rojillo o izquierdoso” como si la dignidad del trabajador fuera exclusiva de una ideología política.
Ya en nuestra frontera estas omisiones o atropellamientos incluso son justificados, por temor a perder inversiones de empresas extranjeras, solemos pasar por alto el no reconocimiento de ciertos derechos al grado de moldear los derechos laborales a las posibilidades y necesidades del empleador. Lo que viene en la ley no son lujos, son cuestiones mínimas, desgraciadamente hemos llegado al punto de que temas como el de los sindicatos o incluso el reclamo de pago de horas extras son un tabú con amenaza de despido, claro está que con sus nobles excepciones.
A esto hay que sumar esquemas laborales maliciosos que solo defraudan al trabajador, el tan controvertido outsourcing o subcontratación que ha afectado los derechos laborales de las clases más bajas y que, aunque se ha legislado de alguna manera sigue existiendo. Ficciones laborales como los prestadores de servicios profesionales que tienen todas las responsabilidades de un empleo solo que ninguno de los beneficios de ley en aras de ser su propio jefe y donde irónicamente a veces no deciden nada, ni siquiera su salario. Todo ello solo fomenta condiciones paupérrimas para los trabajadores y la sociedad en la que viven.
Aunque esto parece ser problema sólo de algunas personas, la verdad es que nos afecta a todos, estos detrimentos de derechos tienen consecuencias a la larga para trabajadores informales como a los que sí tienen esquemas dignos de trabajo, a final de cuentas las pensiones, servicios médicos y muchas otras cosas se mantienen a través de las aportaciones de todos los trabajadores, al haber esquemas difusos las aportaciones también lo serán y esto ya es visible en nuestras instalaciones médicas y pensiones, ya no hay recursos suficientes para una atención mínima, digna puede ser otro término.
Querido conciudadano, los derechos laborales ya nos fueron dados, muchos de nuestros problemas no deberían serlo por que la ley es clara, desgraciadamente, es letra muerta en muchos sentidos. A veces se nos dice que, por cuestión de presupuesto, el mercado etc., ciertos derechos no pueden darse, que hay que ponerse la camiseta, esto puede ser, pero sólo cuando son tiempos de vacas flacas para todos, no solo para beneficiar más a solo un lado de la relación laboral, admitámoslo vivimos en un sistema laboral roto, es nuestra responsabilidad enmendarlo y recuperar así la dignidad laboral.
Pablo Pérez Esparza / Analista




