La importancia de la familia

“Alguien se sienta hoy en la sombra de un árbol, porque alguien plantó un árbol hace mucho tiempo”
Warren Buffett
Nuevamente tuve el privilegio de pasar momentos que se atesoran con mi pequeña nieta que, con su mirada a través del lente de la inocencia que da la infancia, es decir, sin la aberración o deformación de las imágenes que suele imprimir el paso de los años, con solo poner un poco de atención a lo que dice comparte un pedacito de esa visión que hace es posible imaginar un mundo mejor. Parece utópico ¿verdad? aunque lo cierto es que hay utopías que ya en otros tiempos han sido una realidad, y ahora padecen el olvido.
¿Me prestas tu computadora? Me preguntó ¡por supuesto! Respondí. Voy a escribir algo que quiero llevar a la escuela para enseñárselo a mi maestra, continuó. Empezó con el título, cuestión que desde una visión “adulta” y académica siempre se recomienda hacer hasta después de acabar de escribir un texto para constatar que tenga congruencia con su contenido, pero ahora, seguramente porque ella tenía mucha claridad en su idea y en lo que quería transmitir, no hubo necesidad ni tiempo para hacer esa consideración. Más aún… lo escribió en mayúsculas, negritas, y con letra muy grande -tamaño 72- “para que se note”.
LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA, dice el título, seguido de una serie de lo que llamamos “ideas fuerza”, es decir, enunciados contundentes que son susceptibles de ser ampliados con una explicación para una mayor comprensión; de hecho, ella misma lo hacía después de escribirlos. Esto es lo que escribió: en la familia debemos ayudarnos; querernos; nos cuidan mucho; tenemos recuerdos en fotos y en la mente; no asustar feo y cuando se hacen bromas pensar en el otro -creo que aplicaría también al bullying que tanto se da en las escuelas-; jugar y enseñar a leer, matemáticas y a dibujar; nos dan sorpresas -quizá lo entienda ella buenos momentos o regalos-; nos enseñan a encontrar nuestro talento y cada vez que los niños hacen cosas buenas orgullecen a los familiares; el respeto a la familia.
En esta época del año es imposible no tener en la mente imágenes de rostros de niñas y niños con sus diferentes expresiones de alegría, sorpresa, inocencia… y también de desconcierto. Es una época de contrastes, y si bien hay una niña que desde su perspectiva nos dice lo que debiera ser en la vida de todos los niños -no ha leído un tratado de derechos de los niños pero sabe lo que le permite desarrollarse e intuye aquello que le hace sentirse segura- lo cierto es que para muchos otros la vida no les juega con las mismas cartas: estamos perdiendo cada vez más a nuestros niños y jóvenes.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, OMS, “El maltrato infantil, que se define como cualquier forma de abuso o desatención que afecte a un menor de 18 años, abarca todo tipo de maltrato físico o afectivo, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otra índole que dañe o pueda dañar la salud, el desarrollo o la dignidad del menor o que pueda poner en peligro su supervivencia en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.” Y presenta algunas cifras, entendiendo cifras como vidas de niños: seis de cada diez niños menores de cinco años sufren regularmente castigos corporales o violencia psicológica por parte de sus padres o cuidadores y una de cada cinco mujeres y uno de cada siete hombres declaran haber sufrido abusos sexuales durante la infancia.
Pensando en esto y en la búsqueda de información me encontré con un texto escrito en 2016: “El olvido del futuro: la violencia infantil en Ciudad Juárez” de Blanca Yadira Lerma Peña, quien retoma una aseveración de la UNICEF: “Muchas de las víctimas son demasiado jóvenes o demasiado vulnerables para denunciar lo que les ha sucedido o para protegerse” y al enfrentar la subestimación de la verdadera magnitud del problema expresa que todo ello “hace pensar que como sociedad hemos olvidado que el futuro está en los niños y niñas… Así, al no poder defenderse y, al no comprender lo que sucede, comienzan a ver la violencia como algo común, a sentirse indefensos.” Y continúa: “Lo que los albergues pueden hacer por ellos y ellas es darles alimento, un techo, vestimenta, educación; algo de amor – y a cuenta propia yo agrego que debemos recordar las atrocidades que pasan en las guarderías-, y lo que una institución educativa puede hacer es brindar toda la atención posible… Todas las acciones insuficientes, porque son reaccionarias, enfocadas a solucionar el problema cuando ya pasó”. ¿Dónde queda la familia?
La dinámica urbana y cultura actual han trastocado a las familias, y, sin ellas, ¿quién se hace cargo de los niños? ¿Qué valores se les transmiten? Un hueco en ellos se puede llenar de cualquier cosa. Si no hemos sembrado árboles… ¿Por qué esperamos su sombra?
Elvira Maycotte / Escritora




