Juicio Político

Aquí somos fuertes, Juárez siempre se levanta

En Juárez, como en el resto del estado, la sequía es una realidad constante que toleramos al máximo y cuyas consecuencias padecemos permanentemente. Hemos aprendido a vivir con ella y aun así siempre clamamos al Cielo por la bendición de la lluvia. En nuestra ciudad nada es fácil; así como sufrimos la prolongada falta de agua, también enfrentamos lluvias tempestuosas, como la que irrumpió hace unos días.

Además, nuestra frontera es refugio para miles de migrantes que, año con año, llegan de distintas partes del país y de Latinoamérica en busca de cruzar al otro lado. Muchos se quedan a vivir aquí; nuestra ciudad siempre los recibe con los brazos abiertos. Sin embargo, la intención no siempre es suficiente. Algunos se acomodan con conocidos, mientras que otros se asientan en lechos de ríos o zonas inseguras, lo que tarde o temprano genera problemas.

Durante décadas, el crecimiento irregular de la ciudad fue permitido, lo que ahora provoca que cientos de casas resulten severamente afectadas por las intensas lluvias de esta semana. Hasta el viernes pasado, el censo realizado por personal del gobierno municipal reportaba aproximadamente 400 viviendas afectadas, de las cuales unas 50 sufrieron pérdida total.

Desde la madrugada del miércoles, cuando cayó la tromba, activamos el plan de contingencia municipal para apoyar a las familias afectadas, a través del cuerpo de Protección Civil y Seguridad Vial. Posteriormente, los agentes de Seguridad Pública se sumaron a esta enorme tarea. Ellos han sido los héroes de esta tragedia, especialmente en el norponiente de la ciudad, salvando la vida de decenas o cientos de ciudadanos que estuvieron en grave peligro durante tres días de intensas lluvias.

Quiero reconocer también la intensa labor del DIF Municipal. Mi esposa, Rubí Enríquez, junto con todo su equipo, desplegaron un operativo de ayuda casi inmediato, en coordinación con Desarrollo Social, Servicios Municipales y el área de Educación. Levantaron un censo para identificar con precisión los daños y las necesidades más urgentes. El primer día se registraron 200 familias severamente afectadas; el jueves nos llovió sobremojado y la cifra aumentó en 180 familias más. Al menos 50 viviendas sufrieron pérdida total, por lo que se les brindó refugio y alimentación de inmediato.

Mi reconocimiento se extiende a las cuadrillas de Salud, que reunieron a médicos y paramédicos para brindar primeros auxilios. Algunos afectados fueron trasladados a hospitales, mientras que otros recibieron atención en los albergues habilitados en la ciudad o en los mismos lugares de los hechos.

Asimismo, la Dirección de Servicios Públicos Municipales, a través de Alumbrado y Limpia, trabajó arduamente para restablecer la iluminación en las zonas afectadas y atender áreas que representaban un riesgo para la ciudadanía.

Los Centros Comunitarios también desempeñan un papel fundamental, ahora funcionan como centros de acopio para donaciones destinadas a las familias afectadas, principalmente artículos de limpieza y agua embotellada.

Ha sido una labor titánica, y reconozco profundamente el esfuerzo de los trabajadores del gobierno municipal, quienes las primeras 72 horas trabajaron sin descanso, doblando turnos para apoyar a nuestra gente. En los días siguientes, continuaremos trabajando intensamente para reubicar a las familias que perdieron sus hogares y solicitaremos el apoyo del gobierno federal para incluirlos en el nuevo programa de Vivienda del Bienestar. Redoblaremos esfuerzos para atender a todos los afectados y coordinaremos acciones con los tres niveles de gobierno, con el fin de que quienes habitan en zonas de alto riesgo puedan acceder a una vivienda digna y segura en la ciudad.

Termino con la frase de una canción de unos queridos amigos: “A mi ciudad nada la espanta, Se ha caído pero siempre se levanta”.

Sugerencias y comentarios favor de hacérmelos llegar a mi correo: [email protected]

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