Prevenir no debería ser una reacción de emergencia

En Chihuahua solemos hablar de prevención cuando algo ya ocurrió. Después de una lluvia intensa, cuando una familia pierde parte de su vivienda; después de un accidente, cuando se pregunta si pudo evitarse; después de un incendio, cuando aparecen los cuestionamientos sobre los protocolos. La prevención, demasiadas veces, llega acompañada de la emergencia.
Por eso los simulacros, las capacitaciones y los ejercicios de Protección Civil tienen un valor que va mucho más allá de cumplir con un calendario. Un simulacro puede parecer repetitivo, incluso incómodo, hasta que llega el momento en que una persona necesita saber exactamente qué hacer y no tiene tiempo para improvisar.
Chihuahua es un estado que enfrenta riesgos muy distintos dependiendo de la región. Hay lluvias intensas, incendios forestales, temperaturas extremas, accidentes y emergencias que pueden afectar tanto a las ciudades como a comunidades alejadas. No existe una sola receta para todos los escenarios, pero sí existe una regla básica: conocer los riesgos antes de que se conviertan en una emergencia.
La responsabilidad tampoco puede recaer únicamente en las autoridades. Un gobierno puede diseñar protocolos, equipar corporaciones y organizar simulacros, pero una familia también necesita saber dónde están sus documentos importantes, cómo comunicarse durante una emergencia, qué hacer ante una evacuación y cómo proteger a quienes requieren mayor atención.
La verdadera prevención comienza cuando deja de verse como una actividad exclusiva de las instituciones. Una escuela que practica una evacuación, una empresa que capacita a su personal o una familia que prepara un plan de emergencia están haciendo algo que quizá nunca se vuelva noticia. Y precisamente ahí está el éxito de la prevención: que muchas emergencias puedan enfrentarse sin convertirse en tragedias.
También hace falta una cultura distinta frente a los simulacros. No deberían convertirse en una fotografía para redes sociales ni en una actividad que se cumple porque alguien la solicita. Si se hacen correctamente, sirven para encontrar fallas: una salida bloqueada, una alarma que nadie escucha, una persona que no sabe a dónde dirigirse o un protocolo que en el papel funciona, pero en la realidad no.
En Chihuahua, donde las condiciones pueden cambiar rápidamente, esa preparación resulta especialmente importante. La prevención no elimina los riesgos, pero sí puede reducir sus consecuencias. Y eso debería ser suficiente para dejar de verla como un trámite.
Porque cuando una emergencia ocurre, ya no hay tiempo para comenzar a prepararse. La prevención se construye antes, en silencio y sin reflectores. Y quizá la mejor señal de que una sociedad está preparada sea precisamente que, cuando llega el momento difícil, sabe qué hacer.




