Juicio Político

El problema de la dependencia maquiladora en Juárez

En tiempos recientes los juarenses hemos presenciado el cierre de varias maquiladoras, ya sea por bancarrota, temor de la inestable política arancelaria de los Estados Unidos o bien por superiores derechos laborales mexicanos que han elevado los costos de operación. Las maquiladoras no pasan por buen momento y han comenzado a irse de la ciudad, unas bajo escandalosas circunstancias y otras de manera silenciosa, aunque mucho de esto es producto de políticas extranjeras la situación nos afecta como a nadie ¿Por qué? Porque las hicimos el principio y fin de nuestra economía.

Juárez en los 50´s era de economía agrícola, basta recordar la época dorada del algodón en el Valle de Juárez y Zaragoza, en los 40´s la economía era turística con los casinos y centros recreativos. De todo hacíamos en ese entonces por qué de todo puede el juarense. Pero desde 1965 con el programa nacional de las fronteras (PRONAF) hicimos a un lado todas esas economías -las sacrificamos-, todo con la promesa de un desarrollo inimaginado, una apuesta total, y desde entonces solo nos dedicamos a la maquila, como si no pudiéramos hacer más, como el perro que solo sabe hacer un truco.

No hay que desconocer las bondades que trajo la industria, definitivamente nos ayudó a crecer. El problema es que por mediocridad más que pragmatismo, las hicimos la única vía de desarrollo, ese impulso económico debió motivarnos a diversificar los trabajos y acrecentar otros rubros laborales, pero no, toda riqueza viene del exterior y así también se va, los altos cargos e insumos son como su maquilas, extranjeros, solo podemos enorgullecernos de ofrecer una mano de obra barata, la cual con los aranceles y derechos laborales justos harán que las empresas nos den la vuelta, que dejen a Juárez sin miramientos ni obligación.

Además de ser el único pedestal económico, esta ciudad se construyó hacia a los intereses maquiladores, incluso sobrepasando las necesidades de sus ciudadanos. La infraestructura ciudadana es funcional pero no recreativa para el juarense, se ha deformado el orden natural de las manzanas para dar cabida a los complejos industriales. Cuando hablamos de servicios básicos como el agua estas tienen presión a costa de sus avecindados y las avenidas que son de todos, son plagadas de tráileres, aunque estén sujetas a ciertos horarios, no invertimos seriamente en turismo, agricultura. La ciudad es un mimetismo de una maquila, gris, funcional, concreto por todas partes y nada más.

La crítica puede no caer de buena gana, muchos dirán que no hay que morder la mano que da de comer, pero este oasis maquilador rápidamente puede volverse un infierno. La culpa es nuestra, porque no supimos aprovechar de buena manera la derrama económica y decidimos descansar en nuestros laureles mientras el capital extranjero resolvía todos nuestros problemas, ahora que son tiempos de incertidumbre las maquilas se irán a sus países de origen pudiendo dejar a miles de juarenses sin empleos los cuales no podrán hacer otra cosa, porque todo gira en torno a la maquila.

Conciudadano todavía no es tarde, mucha riqueza sigue en la ciudad y la más valiosa de todas persiste y que somos nosotros los trabajadores juarenses, pero las advertencias son evidentes, el abandono de maquilas es probable y la fuga de capital puede convertirse en el escenario del mañana. Quiero creer que tenemos capacidad de hacer mucho más, que esta ciudad multicultural y llena de talento sirve más que para producir riqueza que se llevan otros, quiero creer que la maquila nos ayudó a crecer y luego los juarenses hicimos algo propio y de lo cual enorgullecerse.

Pablo Pérez Esparza / Analista

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