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La IA que analiza tu forma de hablar para estimar el envejecimiento cerebral

Una nueva herramienta de inteligencia artificial podría ofrecer una forma sencilla y no invasiva de estudiar el envejecimiento del cerebro: analizar únicamente la manera en que una persona habla.

El llamado “reloj del habla” es un modelo de IA diseñado para estimar la edad biológica y el envejecimiento cerebral a partir de características de la voz y del lenguaje. Sus resultados fueron publicados en la revista científica Science Advances.

El sistema busca identificar la diferencia entre la edad cronológica, es decir, los años que han transcurrido desde el nacimiento, y la edad que reflejan determinados patrones presentes en el habla.

¿Cómo funciona el “reloj del habla”?

El modelo fue desarrollado por un consorcio internacional coordinado por ReDLat y fue entrenado con información de 2 mil 928 adultos hispanohablantes de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú.

A diferencia de un análisis que únicamente toma en cuenta el tono de la voz, el algoritmo estudia cientos de características acústicas y lingüísticas obtenidas mediante tareas sencillas, como narrar una historia o describir objetos.

Entre los aspectos que analiza se encuentran:

Características acústicas: velocidad al hablar, cantidad y duración de las pausas, entonación y tono general de la voz.
Características lingüísticas: vocabulario, precisión semántica, coherencia de las ideas y organización del discurso.
Contenido emocional: cambios en la expresión y la manera en que se modulan los componentes afectivos del habla.
Una herramienta que todavía está en investigación

Aunque el “reloj del habla” podría convertirse en una alternativa de bajo costo, no invasiva y capaz de utilizarse a distancia, los investigadores advierten que todavía no debe considerarse una prueba diagnóstica definitiva para detectar demencias en la vida cotidiana.

Por ahora, el modelo funciona como un biomarcador complementario para la investigación médica, con potencial para ayudar a estudiar el envejecimiento cerebral y detectar cambios que posteriormente puedan requerir una evaluación clínica más completa.

La tecnología abre así una posibilidad llamativa: que una conversación cotidiana pueda aportar información sobre cómo está envejeciendo el cerebro, aunque todavía se necesitan más investigaciones antes de utilizarla como herramienta de diagnóstico.

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