Temporada de huracanes sorprende en el Atlántico: ¿por qué aún no aparece ninguno?

La temporada de huracanes en México comenzó oficialmente el 30 de mayo en el océano Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico. Sin embargo, mientras el Pacífico ha registrado una actividad considerable, el Atlántico ha mostrado un comportamiento mucho más tranquilo de lo esperado.
De acuerdo con el balance presentado en el texto, en el Pacífico se han desarrollado 14 de los 21 sistemas previstos, mientras que en el Atlántico únicamente se han formado cinco tormentas tropicales y, hasta ahora, ninguna ha alcanzado la categoría de huracán.
Esta situación ha llamado la atención debido a lo inusual de la ausencia prolongada de huracanes en el Atlántico. El comportamiento de una temporada depende de diversos factores, entre ellos la temperatura de la superficie del mar, la humedad atmosférica, los vientos y la cizalladura.
¿Qué papel juega El Niño?
Uno de los fenómenos que puede modificar las condiciones atmosféricas durante una temporada de huracanes es El Niño, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental.
Este fenómeno puede alterar los patrones de circulación atmosférica a escala global y modificar las condiciones que favorecen o dificultan el desarrollo de ciclones tropicales.
Uno de los factores clave es la cizalladura vertical del viento, que consiste en cambios en la velocidad o dirección del viento entre diferentes niveles de la atmósfera.
Cuando la cizalladura es fuerte, puede dificultar que una tormenta tropical se organice verticalmente. En lugar de permitir que la circulación de la tormenta se mantenga alineada, los vientos pueden inclinar o desorganizar su estructura, reduciendo sus posibilidades de intensificación.
Un Atlántico con poca actividad
La ausencia de huracanes no significa que el Atlántico permanezca completamente libre de sistemas tropicales. Las tormentas pueden formarse y posteriormente intensificarse si encuentran condiciones favorables, como aguas oceánicas suficientemente cálidas, humedad y una cizalladura débil.
Por ello, los especialistas siguen monitoreando la evolución de las condiciones oceánicas y atmosféricas durante el resto de la temporada.
Aunque algunos patrones asociados con El Niño pueden favorecer una mayor cizalladura sobre determinadas regiones del Atlántico, no es correcto atribuir únicamente a este fenómeno la baja actividad registrada, ya que el comportamiento de los ciclones tropicales resulta de la interacción de múltiples factores.
La evolución de las temperaturas oceánicas y de la atmósfera durante los próximos meses será determinante para saber si el Atlántico mantiene este comportamiento excepcional o registra un repunte de actividad antes de que concluya la temporada.




