Juicio Político

¿De qué color debe ser el gobierno?

Durante años, en Chihuahua hemos visto cómo cada cambio de administración trae consigo una transformación de colores: patrullas que cambian de imagen, edificios públicos que se pintan nuevamente, mobiliario urbano que adopta nuevos tonos y campañas institucionales que terminan pareciendo propaganda partidista.

Por eso resulta interesante la propuesta del diputado Jorge Soto de impulsar una iniciativa para evitar que los gobiernos utilicen colores asociados directamente con los partidos políticos.

Y aunque podría parecer un asunto meramente estético, en realidad plantea una pregunta mucho más profunda: ¿los bienes públicos pertenecen al gobierno en turno o a la ciudadanía?

Una patrulla no debería ser azul, guinda, roja o de cualquier otro color porque así lo decidió un partido. Es un vehículo pagado con recursos públicos. Lo mismo ocurre con una plaza, una oficina, una luminaria o cualquier edificio propiedad de los ciudadanos.

El problema es que en México nos hemos acostumbrado a que cada administración quiera dejar su sello hasta en las paredes. Se cambia el logotipo, se cambia el color y, en ocasiones, parece que también se pretende cambiar la memoria de lo que hizo el gobierno anterior.

La propuesta debería ir más allá de prohibir determinados colores. Chihuahua necesita construir una verdadera identidad institucional, una que permanezca independientemente de quién gane una elección.

Porque los gobiernos pasan, pero las instituciones permanecen.

Si una administración hizo una buena obra, no necesita pintarla con sus colores para que la gente la recuerde. Y si una administración hizo mal las cosas, ningún cambio de imagen podrá borrar esa realidad.

Tal vez ya sea momento de entender que el gobierno no tiene color partidista: tiene los colores de la ciudadanía.

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