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Alertan por posible vínculo entre Ozempic y la anorexia: expertos piden reforzar la vigilancia médica

Los medicamentos para bajar de peso, incluidos los conocidos fármacos GLP-1 como Ozempic, han despertado preocupación entre especialistas en salud debido a la posibilidad de que favorezcan o agraven trastornos de la conducta alimentaria en algunas personas. La inquietud se centra en la dificultad para distinguir entre los efectos secundarios de estos tratamientos y las señales de un problema alimentario que requiere atención especializada.

Aunque estos medicamentos pueden ofrecer beneficios importantes para pacientes con obesidad o diabetes tipo 2, los expertos advierten que su uso requiere una evaluación médica adecuada y un seguimiento que permita detectar posibles complicaciones físicas y psicológicas.

Nuevas recomendaciones para detectar trastornos alimentarios

Ante esta preocupación, una coalición internacional de especialistas en medicina de la obesidad y trastornos de la alimentación publicó nuevas recomendaciones para orientar la prescripción de medicamentos GLP-1.

Entre sus principales propuestas se encuentra evaluar a los pacientes para identificar posibles antecedentes o señales de trastornos alimentarios antes de iniciar el tratamiento, así como realizar revisiones periódicas durante su uso.

Sin embargo, los especialistas señalan que estas prácticas todavía no están generalizadas y que muchos médicos carecen de capacitación específica para reconocer las primeras manifestaciones de estos trastornos.

La situación puede complicarse cuando los medicamentos se obtienen mediante servicios de telemedicina con evaluaciones limitadas. En un estudio citado en el reporte original, investigadores que examinaron 49 sitios web encontraron que aproximadamente un tercio exigía una interacción directa con un médico antes de recetar los fármacos y cerca de la mitad preguntaba por antecedentes de trastornos alimentarios.

¿Por qué resulta difícil distinguir los efectos secundarios de la anorexia?

Los medicamentos GLP-1 actúan sobre mecanismos relacionados con el apetito y la saciedad, por lo que pueden reducir el hambre y la cantidad de alimentos que una persona consume.

Entre los posibles efectos secundarios se encuentran molestias gastrointestinales y, en determinados casos, una ingesta insuficiente de nutrientes. También pueden presentarse síntomas como mareos o pérdida de cabello cuando existen problemas nutricionales, aunque estos signos tienen diversas causas y no permiten diagnosticar por sí solos un trastorno alimentario.

Katherine Kiley, médica de familia y medicina deportiva en California, plantea que esta coincidencia de síntomas puede dificultar la evaluación clínica: los profesionales deben determinar si las manifestaciones corresponden a efectos del medicamento, a un trastorno de la conducta alimentaria o a una combinación de ambos.

Cynthia Bulik, directora fundadora del Centro de Excelencia para Trastornos Alimentarios de la Universidad de Carolina del Norte, señala que un déficit calórico podría actuar como detonante en personas con predisposición a desarrollar anorexia.

Algunos investigadores consideran que la reducción marcada del apetito provocada por estos fármacos podría contribuir a activar esa vulnerabilidad en ciertos pacientes. No obstante, todavía se necesitan más estudios para establecer con claridad la frecuencia y la relación causal entre el uso de GLP-1 y la aparición de nuevos casos de anorexia.

El riesgo de perder peso de manera poco saludable

La pérdida de peso rápida o excesiva puede tener consecuencias importantes para la salud. Cuando existe desnutrición, pueden aparecer debilidad, deshidratación, pérdida de masa muscular, problemas óseos y alteraciones cardiovasculares, entre otras complicaciones.

El reto para los médicos consiste en identificar cuándo la reducción de peso deja de ser beneficiosa y comienza a representar un riesgo, especialmente en pacientes que ya tienen una relación complicada con la comida.

Aaron Keshen, especialista en trastornos de la alimentación en Nueva Escocia y coautor de las nuevas recomendaciones, ha advertido sobre pacientes que presentan pérdidas de peso potencialmente perjudiciales mientras utilizan estos medicamentos.

Los especialistas también destacan que los trastornos alimentarios no siempre se manifiestan de la misma manera. La anorexia atípica, por ejemplo, puede presentar características similares a las de la anorexia nerviosa, aunque la persona no tenga un peso corporal bajo.

El caso de una paciente que tuvo dificultades para comer

Amanda Martinez Beck, una maestra de primaria de 42 años, comenzó a utilizar Ozempic en 2021 para tratar la diabetes. Aunque no había recibido previamente un diagnóstico de anorexia, reconocía que mantenía una relación complicada con la alimentación y que podía obsesionarse con comer lo menos posible.

Después de iniciar el medicamento, la falta de apetito hizo que comer se volviera cada vez más difícil. La paciente buscó ayuda terapéutica y recibió un diagnóstico de anorexia atípica.

Beck suspendió el tratamiento durante tres meses por temor a que agravara sus dificultades alimentarias. Sin embargo, sus niveles de glucosa aumentaron considerablemente y decidió retomarlo.

Su experiencia refleja el dilema que pueden enfrentar algunos pacientes: necesitan medicamentos para controlar enfermedades como la diabetes, pero también requieren atención para prevenir o tratar posibles trastornos alimentarios.

En su caso, distinguir entre la disminución del apetito provocada por el medicamento y la necesidad de restringir los alimentos asociada con su trastorno sigue siendo un desafío.

¿Qué deben hacer los médicos y los pacientes?

Los especialistas coinciden en que no existe una respuesta única para todos los pacientes. Tener antecedentes de un trastorno alimentario no significa automáticamente que una persona no pueda recibir un medicamento GLP-1, pero sí hace necesario valorar cuidadosamente los posibles beneficios y riesgos.

Las nuevas recomendaciones proponen reforzar la evaluación inicial, dar seguimiento a los hábitos alimentarios y prestar atención a cambios preocupantes en la conducta, el peso o el estado nutricional.

También consideran importante mejorar la comunicación entre los profesionales que tratan la obesidad y quienes se especializan en trastornos de la alimentación, para que los pacientes reciban una atención integral.

Quienes utilizan estos medicamentos deben informar a su médico si presentan dificultades persistentes para comer, temor intenso a aumentar de peso, conductas restrictivas o una pérdida de peso que les genere preocupación. No deben modificar ni suspender por cuenta propia un tratamiento indicado para controlar la diabetes u otra enfermedad.

El desafío es detectar el problema a tiempo

El crecimiento del uso de medicamentos para bajar de peso ha puesto sobre la mesa la necesidad de establecer medidas de seguridad que contemplen tanto los beneficios metabólicos como la salud mental y nutricional de los pacientes.

La evidencia disponible todavía no permite determinar con precisión cuántas personas desarrollan anorexia como consecuencia del uso de estos fármacos. Sin embargo, los especialistas consideran fundamental mejorar la detección y el seguimiento de los trastornos alimentarios.

El objetivo no es descartar estos tratamientos, sino garantizar que se prescriban de manera responsable y que los posibles problemas alimentarios se identifiquen antes de que provoquen daños graves.

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