México-EUA, relación compleja. Parte III: Migración

El flujo de personas entre México y Estados Unidos (EUA) es uno de los más intensos y complejos del mundo tanto en el cruce fronterizo diario como en la migración de larga duración. Muestras de ello: 40 pasos fronterizos formales operando; las garitas más concurridas del mundo con decenas de miles de cruces diarios entre Baja California y California; 40 millones de personas de origen mexicano de primera, segunda y tercera generación viviendo en EUA; y mexicanos como primera minoría étnica en EUA.
La intensa migración de corta duración de mexicanos a EUA por turismo y negocios no ocasiona fricciones mayores entre ambos países. En cambio, la migración legal e ilegal por motivos laborales, genera fricciones por parte de los gobiernos y de una fracción de la población estadounidenses, ello aún y cuando EUA ha sido históricamente el mayor beneficiario de tan intensa migración mexicana hacia ese país.
Desde 1900 EUA comenzó a beneficiarse de la entrada de trabajadores agrícolas mexicanos. En 1942 EUA y México convinieron el Programa Bracero para proveer a EUA de mano de obra agrícola temporal, barata y eficiente durante la Segunda Guerra Mundial, en beneficio principalmente de EUA al liberarle ciudadanos para la guerra y la industria militar. El Programa se extendió hasta 1964 por ser benéfico para EUA en la producción de alimentos baratos, y para México como empleo e ingreso para 5.5 millones de familias campesinas, aunque no fueron pagadas y tratadas como se había convenido.
Concluido aquel Programa, el cruce de trabajadores mexicanos a EUA ha continuado legal e ilegalmente, en las mismas o peores condiciones de discriminación por las políticas de los gobiernos de EUA que denigran y criminalizan la migración. Mantener así el cruce migratorio beneficia a los empresarios al pagar menos salarios y aumentar su competitividad frente a productores de México y otros países exportadores de alimentos, materias primas agrícolas y productos industriales, y beneficia a los consumidores de EUA con alimentos y otros bienes baratos. Por ello mismo, el trabajo inmigrante legal o ilegal se ha extendido a la construcción, servicios domésticos y turísticos, etc. Para las y los mexicanos genera trabajo, ingreso y remesas familiares.
En años recientes, por razones políticas y no económicas se señala a los trabajadores inmigrantes como causantes de desempleo y bajos salarios de los trabajadores estadounidenses, argumento falso y contrario al principio económico de productividad y a las reglas del libre mercado. También se les culpa como supuestos causantes de inseguridad pública y de la decadencia económica, política y moral de EUA. Señalar a un supuesto “enemigo” externo fácilmente distinguible por sus rasgos físicos y culturales, es propio de la manipulación política de masas ante las crisis propias, pero es falso e ineficaz ante el problema de fondo. Y expulsar de EUA a trabajadores mexicanos es darse un tiro en el pie.




