Chihuahua

La red de misoginia empieza a deshilacharse en Chihuahua… y ya cobró dos facturas

Dos bajas no desmantelan la red: la pregunta sigue siendo quién sigue.

La red de misoginia en Chihuahua empezó a deshilacharse… pero la pregunta que resuena en cafés, chats de WhatsApp y pasillos políticos es clara: ¿y los que faltan?

Porque sí, ya hubo primeras bajas en esta tragicomedia pública donde algunos confundieron el cargo con micrófono de bar y la investidura con show de stand-up de cantina.

El primero en salir fue Luis Roberto Terrazas Fraga, alias Tomatito. Subdirector administrativo de la Dirección de Seguridad Pública Municipal. Comentarios misóginos dirigidos a una senadora por su embarazo y resultado inmediato: despedido. Sin ensayo general de disculpa, sin comunicado con violines de fondo, sin segunda temporada. Se apagó el micrófono.

Después vino Adrián Sánchez, conocido como Chupa TV, asesor legislativo vinculado a Morena. Viejos comentarios misóginos resurgieron como fantasma digital —porque internet no olvida aunque algunos sí olviden pensar— y la presión pública lo llevó a renunciar. Renuncia “voluntaria”, de esas que nacen justo cuando el incendio ya tocó la puerta y el extintor nunca apareció.

Dos partidos distintos. Misma enfermedad.

Pero el asunto no se quedó en redes sociales. Afuera del Congreso del Estado de Chihuahua apareció una pancarta con varios nombres escritos en letras grandes, como recordatorio público de que la conversación no termina con dos salidas.

En esa lona se leían:

Carlos Olson,
Carmen Hidalgo,
Komaba,
Pedro Oliva,
Isela Martínez,
Marco Bonilla.

La imagen fue clara: la presión ya no es solo digital, también es visible, física y colocada frente al poder legislativo. Un mensaje directo, sin filtro y sin emojis.

La pregunta no es ligera, ni es chisme de sobremesa. Es la sensación colectiva de que la red no se sostiene con dos hilos menos. Que esto no es una anécdota aislada, sino una estructura que apenas comienza a crujir y que muchos consideran más amplia de lo que se admite públicamente.

Porque si algo quedó claro es que el machismo en funciones públicas ya no pasa tan desapercibido como antes. Las capturas de pantalla duran más que los cargos y la opinión pública ya no aplaude “ocurrencias” que antes se normalizaban como si fueran gracia institucional.

Entre humor negro y hartazgo real, el murmullo crece:

¿Estamos viendo el inicio de una limpieza de fondo?
¿O solo el ajuste mínimo para que todo siga exactamente igual?

Por ahora, el marcador va así:
🍅 Uno despedido.
🎤 Uno renunciado.

Y la red… todavía tensa.

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