¿Te dan calambres al nadar después de comer?

Seguramente alguna vez te llegaron a decir que no te metieras a la alberca después de haber comido, ya que te darían náuseas y vómito, además de que nadar con el estómago lleno te podría provocar un calambre y corrías el riesgo de ahogarte y entonces debías esperar al menos dos horas para volver a darte un chapuzón.
Esto se trata de un mito y es confundido con la “hidrocución”, la cual no tiene nada que ver con la digestión, sino con los cambios bruscos de temperatura. Conocido también como síndrome de inmersión, es una respuesta del organismo al sumergirse en agua muy fría, que generalmente causa mareos y náuseas al comienzo, pero también puede derivar en desmayos e incluso resultar en la muerte.
Contario a las creencias, meterse a nadar después de comer no causa calambres, de acuerdo al estudio titulado Posibles beneficios y peligros de la actividad física y el ejercicio en el tracto gastrointestinal publicado en la revista estadounidense Gut.
Así lo explica también Miguel Assal, agente de emergencias SAMU del servicio de emergencias y protección civil, en un video que publicó en su página de Facebook.
“¿A ti también te decían que tenias que esperar al menos dos horas antes de meterte?, pues no hace falta que lo hagas más, no se te va a cortar la digestión, pero lo que sí puede ocurrir es el síndrome por hidrocución y nada tiene que ver con tu estomago sino con el cambio brusco de temperatura. Pasar de estar abrazado a 40° a meterte en agua fría de forma brusca, con riesgo de perdida de conocimiento, fallo respiratorio y cardíaco o lo menos malo, malestar, vómitos, náuseas”.
Como lo explica Miguel, la hidrocución o síndrome de inmersión tiene que ver más con los cambios bruscos de temperatura y la digestión no está directamente involucrada, pero sí puede favorecerlo.
Este síndrome puede ocurrir por estas tres razones:
Una exposición repentina al agua fría puede desencadenar un fenómeno conocido como choque térmico o shock por diferencia de temperatura, el cual provoca una contracción intensa de los vasos sanguíneos. Esta reacción puede interferir con la respiración y la circulación, generando un reflejo inhibidor que, en casos graves, podría llevar a una pérdida de consciencia debido a un shock hipovolémico.
Un espasmo en la laringe, como reacción automática del cuerpo al sumergirse, podría ocurrir por el contacto del agua helada con las mucosas de la zona nasofaríngea. Esto obstruye la respiración, generando lo que se conoce como “ahogamiento seco”, donde no entra agua a los pulmones.
También se ha contemplado que el desmayo pueda deberse a una liberación abrupta y excesiva de histaminas y sustancias similares, similar a una respuesta alérgica severa que provoque un shock anafiláctico, el cual conlleva el estrechamiento de las vías respiratorias.
Para minimizar los riesgos, se recomienda ingresar al agua de manera gradual, especialmente si está fría (menos de 27 °C). Esto permite que el cuerpo se adapte poco a poco a la temperatura del agua. Una forma de lograrlo es permanecer unos minutos con los pies en el agua, mientras se humedecen zonas sensibles como la nuca, las muñecas y el abdomen.
Además, si has comido en un lugar fresco, no has ingerido alcohol o solo una pequeña cantidad, puedes nadar sin problema, siempre que entres poco a poco. Aun así, esperar un par de horas antes de bañarte puede ser una mejor opción, sobre todo porque la intensidad del sol será menor.




