Chihuahua no puede acostumbrarse a vivir con miedo

Hay una frase que se repite cada vez con más frecuencia en Chihuahua: “al menos hoy estuvo tranquilo”. Y quizá ahí está uno de los mayores problemas. Cuando la tranquilidad se convierte en excepción y no en regla, la sociedad comienza a acostumbrarse a vivir con miedo.
Las cifras pueden hablar de disminuciones en homicidios, de operativos exitosos, de detenciones y decomisos. Todo eso importa y debe reconocerse cuando los resultados son reales. Pero la seguridad no puede medirse únicamente en estadísticas. También se mide en la tranquilidad de una familia cuando un hijo sale de casa, en la confianza para transitar por una carretera o en la posibilidad de regresar de trabajar sin preguntarse qué pudo haber ocurrido en el camino.
Chihuahua es un estado enorme, con comunidades alejadas, zonas serranas, ciudades fronterizas y regiones rurales que enfrentan problemas muy distintos. No existe una sola receta para resolver la inseguridad. Lo que funciona en la capital no necesariamente funciona en Guadalupe y Calvo, en Cuauhtémoc, en Juárez o en cualquiera de los municipios más pequeños.
Por eso, hablar de seguridad también significa hablar de policías mejor preparados, instituciones que respondan a tiempo, ministerios públicos que investiguen y jueces que procesen. Significa combatir la impunidad y evitar que una denuncia termine archivada hasta convertirse en otro número dentro de una estadística.
Pero también significa mirar las causas. Un joven sin oportunidades, una comunidad abandonada, una colonia sin iluminación o una familia que vive rodeada de carencias son terrenos donde la delincuencia encuentra espacio para crecer.
La prevención no puede aparecer solamente después de una tragedia. Recuperar espacios públicos, mejorar servicios, fortalecer escuelas y generar oportunidades también es política de seguridad. Quizá no produce titulares tan espectaculares como una detención, pero puede evitar que un delito ocurra.
Chihuahua no necesita acostumbrarse a celebrar que las cosas están “menos mal”. Necesita aspirar a estar bien.
Y esa responsabilidad no corresponde únicamente a un gobierno o a una corporación policial. También exige coordinación entre autoridades, participación ciudadana y una sociedad que no permanezca indiferente ante lo que sucede a su alrededor.
Porque el verdadero éxito en materia de seguridad no será tener más operativos que contar, sino llegar al punto en que una familia pueda dejar de contar los riesgos antes de salir de casa.
Chihuahua merece algo más que sobrevivir a la violencia. Merece vivir en paz.




