Díaz-Canel condiciona diálogo con EE. UU. a un respeto mutuo

Al ser cuestionado por la periodista Kristen Welker sobre una posible renuncia para “salvar a su país”, el mandatario fue categórico al señalar que la rendición no es una opción para la Revolución. Díaz-Canel subrayó que su legitimidad proviene exclusivamente del pueblo cubano.
«En Cuba, quienes ocupan puestos de liderazgo no son elegidos por el Gobierno estadounidense ni cuentan con un mandato de dicho Gobierno», enfatizó el jefe de Estado.
Asimismo, aclaró que solo abandonaría la presidencia si la ciudadanía considerara que es incapaz de representarla, defendiendo el carácter libre, soberano e independiente de la nación caribeña.
En el ámbito diplomático, el presidente cubano reiteró que la isla está abierta a negociar con Washington, pero bajo condiciones de igualdad.
Sin intervención: Las conversaciones deben ocurrir sin intentos de injerencia estadounidense.
Sin presiones: Se rechaza cualquier diálogo condicionado por sanciones o amenazas.
Autodeterminación: El proceso debe respetar el sistema político y social elegido por Cuba.
La postura de Díaz-Canel surge en un contexto de alta tensión, exacerbada por la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump el pasado 29 de enero. Dicha medida faculta a Washington para sancionar a países que suministren petróleo a la isla, lo que ha derivado en una crisis energética sin precedentes.
Consecuencias denunciadas por el mandatario:
Salud: Situaciones críticas en hospitales y cancelación de cirugías por falta de fluido eléctrico.
Transporte: Parálisis casi total del transporte público y privado por escasez de combustible.
Economía: Afectaciones severas en la producción de alimentos y el suministro de insumos básicos.
Frente a la declaración de “emergencia nacional” por parte de la administración Trump que califica a Cuba como una amenaza para la seguridad estadounidense, la isla ha recibido muestras de respaldo global.
Como parte de esta ayuda, a finales de marzo arribó el petrolero ruso Anatoly Kolodkin con 740,000 barriles de crudo, un cargamento estratégico destinado a mitigar el desabastecimiento energético que asfixia a la nación antillana.




